BAGDAD, (AFP-NA)- Edificios en llamas, calles invadidas por automóviles que circulan en cualquier dirección, comercios ultrajados por bandas de ladrones, milicias urbanas controlando con fusiles y pistolas sus barrios una vez terminada la batalla, Bagdad se ha convertido en una gran ciudad caótica abandonada a su propia suerte. "Verguenza", está escrito sobre uno de los muchos retratos todavía intactos de Saddam Hussein, situado en el barrio Al-Mansur, invadido este viernes por bandas de ladrones y por milicias improvisadas de vecinos que intentan detenerlos a la fuerza. ¿Verguenza de Saddam o verguenza de los estadounidenses? Los ciudadanos de Bagdad no saben qué decir. "La llegada de los norteamericanos no trajo la libertad que esperábamos", asegura cabizbajo Kasem, un profesor iraquí que se espanta ante el saqueo del museo arqueológico local a manos de "bandidos que desconocen el valor histórico de las piezas".
Desde su entrada a la ciudad el miércoles, los tanques norteamericanos sólo han cortado algunas calles de Bagdad, rodean los dos hoteles donde se alojan periodistas, el ministerio de Petróleo, la Alcaldía y los palacios de Saddam Hussein.
A pocos metros de estas zonas protegidas, el fin de los combates se funde con el inicio de un caos general. Algunos vecinos dicen que los soldados contribuyen a alimentar esta anarquía y abren paso con sus tanques a los ladrones, les animan e incluso les toman fotografías.



