LA PLATA (AIBA). En este país de locos, la organización política y económica esta como casi todo, de cabeza. Posterior a diciembre de 2001 y subsidiario al clamor de un sector de la población que decía ´que se vayan todos´, surgieron las asambleas barriales, los piquetes y otra serie de expresiones anárquicas en cuanto a su organización y difusión geográfica, que pretendieron llevar su voz desde el barrio, desde abajo hacia arriba: al poder central para ser oídas. En el fondo y sin pretender hacer un análisis sociológico, el pueblo ahí representado quería canalizar sus inquietudes desde su lugar, como corresponde.
En realidad, la anomia en la que se han sumido las instituciones, nos ha confundido a todos. Y no se ve claro cuál es el camino.
Nosotros creemos que es posible y además imperiosamente necesario reordenar la sociedad en torno a una lógica diferente, aquella que dice que ´la caridad bien entendida empieza por casa´.
Que el orden público en un marco federal debe emerger desde las ciudades, para luego aglutinarse por regiones con intereses comunes, después provincias, que entonces juntas conformen un país y no al revés. Es decir, que la pirámide, como no puede ser de otra manera, para ser sólida y estable se sustente por su base.
Debiera ser obvio que los responsables de la ciudad, elegidos por sus vecinos, deban velar por el interés de su zona y no debieran poder hacerse los distraídos en temas como seguridad, educación, justicia, salud, empleo, desarrollo regional, atraer inversiones, generar infraestructura.
Estos temas hoy no están ni formal ni tácitamente en la agenda de un intendente contemporáneo argentino. En especial del Conurbano bonaerense. En clara oposición a los desvelos de un intendente o alcalde de cualquier ciudad de los pueblos ricos y civilizados del mundo.
Rudolph Giuliani puso orden en Nueva York, no el presidente de los EE.UU. Los alcaldes brasileños viajan a nuestro país acompañando a las misiones comerciales o seducen a nuestros empresarios con ventajas para que se instalen en sus ciudades y den empleo en su región. Aquí, la producción y el empleo están penalizdas y perseguidas por impuestos arbitrarios que castigan al que invierte.
Quién va a velar por el crecimiento y desarrollo de una ciudad turística de la costa mejor que sus propios habitantes, representados por un intendente fiel a los intereses de sus votantes.
En aquellas ciudades, en donde la percepción del pueblo es que su intendente es defensor del bienestar de sus vecinos, éstos han sido reelectos numerosas veces con altos porcentajes de votos que no se confunden con los que consiguen su reelección gracias al clientelismo político, en donde la mayoría necesaria para que sean reelectos se alcanza a fuerza de acumular suficientes beneficiarios de cargos o dádivas miserables.
El país progresará y habrá empleo y bienestar cuando desde cada ciudad y cada región se trabaje por la generación de empleo, por la instalación y llegada de inversiones, por la capacitación de sus hombres, la seguridad, salud, etcétera. Esto será cuando se elijan hombres idóneos y probos, con prescindencia de coloraturas políticas y listas sábanas.
En el Conurbano, salvo excepciones, toda decisión importante para la vida de los ciudadanos es delegada a la Provincia y a la Nación; el intendente ´está pintado´. Sólo se dedica a hacer asistencialismo, con lo cual capta los votos de la pobreza ´supuestamente´ paliada por esta magra dádiva. Y digo supuestamente, porque a través de los planes de subsidio, necesarios en esta emergencia, se esconde la ´garantía´ de pobreza a cada vez más vastos sectores de la comunidad.
Sólo a partir de una mayor autonomía municipal y de una descentralización en la percepción de los tributos se acabará la evasión y se podrá coparticipar a la Nación de lo recaudado por los municipios y provincias, y no al revés.
Es por esto que los países como Italia, España, Alemania, Nueva Zelanda y hasta en los Estados Unidos el gobernante del condado es vital, el gobernador también y el presidente poco espacio tiene respecto de las políticas de desarrollo del país; sólo las grandes líneas.
Basta de depender de la voluntad de un sujeto distante e ignorante de nuestras realidades.
Cuando los intendentes sean responsables de la seguridad de la ciudad, sabremos a quién votar; cuando estos sean los que tengan que fomentar la producción el empleo y una justa distribución de las cargas tributarias en el distrito, sabremos a quién votar y sabremos dónde vive y quién es el responsable de nuestra realidad cotidiana.
Por estas razones es que Cepba ha decidido apoyar los movimientos vecinalistas, para que crezca la convicción de que una mayor autonomía de las ciudades y las provincias garantizarán un federalismo justo, bajos impuestos, equilibrio fiscal, crecimiento y desarrollo y un cercano control ciudadano sobre los gobernantes, quienes no gozaran del margen del cual hasta hoy han disfrutado, ya que muchos eligieron servirse a sí mismos, en lugar de servir a su comunidad.
Las pruebas están a la vista.
(*) Candidato a gobernador por el vecinalismo provincial - Presidente de la Confederación Económica de la Provincia de Buenos Aires (Cepba)



