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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 06/abr/2003 de La Auténtica Defensa.

LA CIENCIA, EL ALMA Y LA FELICIDAD: 
NO ME EXPLIQUEN... PREFIERO CREER  
NANCY GONZALEZ




El siglo XX caracterizado por una fuerte revolución tecnológica, ha alimentado el cientificismo que se ha involucrado en todos y cada uno de los temas que afectan positiva y/o negativamente a la humanidad.

Han elaborado teorías con bases académicas. Se han equivocado, corregido y afirmado sobre nuevos fundamentos, mediante el fanatismo empírico, que caracteriza a los científicos. De esta manera, han encontrado vacunas, medicamentos y tratamientos para enfermedades, por las cuales el hombre en siglos anteriores, moría irremediablemente.

También, esta empecinada avidez de conocimiento y evolución, ha perfeccionado métodos de destrucción, desequilibrios en el medio ambiente, el nacimiento de nuevos males, etc...

Mientras tanto, nosotros, simples mortales, vemos avanzar a la ciencia como pasivos espectadores, sabiéndonos pequeños e ignorantes ante tanta magnificencia. Agregándole una cuota de ilusión, esperando que algún día nos solucionen la vida.

Es así, y no se discute. Pero ¿¿qué ahora me quieran quitar el mágico misticismo que tiene el alma, o deba creer que soy un seudo robot al que le ajustan una parte del cerebro y me encontraré siempre feliz?? No sé usted, pero yo, me niego rotundamente.

Según el famoso científico británico Francis Crick, Premio Nóbel 1962, que hace medio siglo anunció con el norteamericano James Watson, la estructura del ADN, la doble hélice que contiene los secretos de la vida. Ahora afirma, en la revista Nature, que el alma es "una banal fusión de neuronas del cerebro". Y reafirma que "la convicción científica es que nuestras mentes, el comportamiento de nuestros cerebros, pueden ser íntegramente explicados, por la interacción de las células cerebrales" (...) y agrega: "Un día la humanidad aceptará el concepto de que el alma y la promesa de la vida eterna no existen, así como hace siglos debió aceptar que la Tierra era redonda".

Por otro lado, Davidson (director del Laboratorio para las Neurociencias de los Afectos, de la Universidad de Wisconsin) logró en una reciente investigación, identificar un índice para establecer el centro cerebral de los estados de ánimo.

Las imágenes de resonancia magnética revelan, que cuando la gente está ansiosa, enojada, deprimida, las partes del cerebro convergen hacia la amígdala y la corteza prefrontal derecha, región cerebral importante para la hiperdefensa típica de las personas con estrés. Por el contrario, cuando la gente tiene ánimo positivo, entusiasmo y energía, esos sitios están tranquilos y aumenta la actividad de la corteza prefrontal izquierda.

"Esto predice los estados de ánimo diarios con sorprendente exactitud. Cuanto más se incline hacia la derecha, la persona tenderá a estar más infeliz o afectada, mientras que cuanta más actividad se desarrolle en la parte izquierda, más feliz y entusiasta estará."

Más allá de la eterna batalla entre ciencia y religión, entre pruebas tangibles y el reino de la fe, en lo que a mí respecta, deseo creer en un alma que nos define como humanos, que desde su inmaterialidad e inmortalidad conoce, siente y nos constituye como esencia.

Y aunque la idea de estar en constante felicidad, es tentadora, tampoco me interesa una felicidad sin fundamento. Una felicidad, que se active con un interruptor y coloque una sonrisa tonta en mi rostro, sin yo poder sentirla verderamente y disfrutar sus causas.

Quiero la felicidad que se disfruta como un durazno maduro, que despierta nuestras glándulas salivales y estimula nuestros sentidos.

A medida que el tiempo avanza, la fantasía, la magia, la parte lúdica y apasionante de la vida, se nos escapa de la mano, como arena entre los dedos. La parte más cruenta y horrible de nuestro diario vivir, ya sea en lo personal como en lo social, se impone y nos sacude las ilusiones y la imaginación.

No necesitamos explicar la poca fe, magia, o fantasía que nos queda. Por eso me niego a saber y elijo creer, sin fundamento ni prueba tangible.

En cambio, sí podría considerar aceptar la teoría de James Watson, quien entrevistado por la BBC de Londres, hace unos meses atrás, dijo que la estupidez humana es una enfermedad y que por lo tanto puede ser curada.

Quiera la divina providencia, que esto así sea... quizás encuentren la cura y paren la epidemia de estupidez que anda afectando a tanto líder político, gobernantes, administradores, seudo educadores, etc... y por fin tengamos un mundo mejor.

Un mundo maravilloso, como cantaba Satchmo, donde la felicidad este a la vuelta de la esquina y no en un rincón de mi cerebro.

NANCY GONZALEZ
nanalmendra@hotmail.com


 
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