Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- Cuando sólo faltan tres semanas para las elecciones nacionales, un clima denso, de incertidumbre y sospechas comienza a palparse entre los principales candidatos a presidente.
Primero fue Elisa Carrió la que habló de fraude. Después Adolfo Rodríguez Sáa acusó directamente al ministro del Interior, Jorge Matzkin, de estar preparando un "fenomenal fraude informático, a lo que se agregaron las filosas declaraciones del futuro embajador norteamericano en la Argentina, Lino Gutiérrez, quien aludió al caso Barrionuevo en Catamarca y a la interna radical.
Pero al margen de estas expresiones públicas, en las oficinas de Carlos Menem también se teme que grupos violentos terminen por ensombrecer el, tal vez, más trascendente acto comicial de los últimos años.
A tal punto que encumbrados dirigentes menemistas bonaerenses acaban de tomar contacto con líderes piqueteros para sondear cuál es el estado de ánimo de estos nucleamientos surgidos al calor de la enorme crisis producida al final de la gestión de Fernando de la Rúa.
Desde luego que las respuestas obtenidas por los menemistas fueron positivas aunque "poco creíbles", como dijo uno de los hombres más cercanos al ex presidente. Es decir los líderes aseguraron que no producirían ningún tipo de actos que desestabilizaran el proceso electoral.
Sin embargo, la duda que ha comenzado a crecer en el Gobierno es acerca de si los candidatos perdedores recurren a la Justicia reclamando por el escaso margen con que supuestamente habrían sido derrotados. Esto es, si el tecero está debajo del segundo por sólo unas décimas lo más probable es que la responsabilidad del proceso caiga en la justicia electoral.
Ese ha sido el motivo de las frecuentes reuniones que ha mantenido el ministro Matzkin con la totalidad de los jueces electorales de todo el país. Los jueces le han respondido que acelerarán todo proceso al máximo posible, de tal manera que pueda cumplirse el cronograma electoral cuya segunda vuelta está fijada para el 18 de mayo.
En cuanto a las denuncias de fraude, el Gobierno rechazó todas y cada una de las afirmaciones y desafió a los denunciantes a que presenten sus reclamos ante la Justicia.
Y en el caso del embajador norteamericano, el ministro Matzkin sostuvo, no sin ironía, que "ese señor todavía no ha llegado y ya está opinando sobre nuestro país".
Ese punto marca también una posición más distante del gobierno argentino con la administración Bush, que la que tuvieron en su momento Fernando de la Rúa y Carlos Menem.
Este fin de semana el presidente Duhalde y el canciller Ruckauf se encontrarán en Roma, preparando la visita que el lunes 7 el primer mandatario efectuará al Papa Juan Pablo II.
Al mismo tiempo ultimarán los detalles para abstenerse en el caso de la condena a Cuba por la violación a los derechos humanos.
Esta posición responde también al más rancio pensamiento alfonsinista que siempre se inclinó por la abstención.
Duhalde recibió a Alfonsín 48 horas antes de partir hacia Europa, probablemente para anticiparle cual sería la posición argentina en el caso Cuba.
Duhalde ha elegido este camino en consonancia perfecta con su negativa a adherir a la posición norteamericana en torno a la guerra.
Quienes creen que la abstención será el resultado de la influencia del ex presidente Alfonsín sobre Duhalde, tal vez se equivoquen porque la decisión de Duhalde responde a su íntima convicción del peronismo clásico.
Esta misma convicción es la que lo llevó a expresar su desagrado al empresario Pérez Companc por la intención de vender la empresa Transener a la firma brasileña Petrobras.
Al menos dos grupos empresarios nacionales (¿Roggio y Pescarmona?) le advirtieron al presidente que la Argentina se iba a quedar sin el poder de decisión sobre un elemento tan estratégico como es el trasporte de energía.
Es probable entonces que Pérez Companc dé marcha atrás con su intención de vender la trasportadora eléctrica y lo mismo ocurra con la producción gasífera que tiene en el sur. Es decir que el Gobierno, mientras Duhalde sea presidente o tenga influencia sobre el próximo tratará de impedir que la producción de gas también sea vendida a Brasil.
La reflexión es simple: dos países, España y Brasil, que no
tienen petróleo, ahora a raíz de las ventas argentinas se han convertido en dos potencias petroleras y el Estado nacional se ha quedado inerme en este aspecto. El duhaldismo agrega a esta reflexión que tanto Petrobrás como Repsol son compañías estatales, lo cual no deja de ser paradójico.
Cuando sólo faltan entonces tres semanas para estas elecciones consideradas poco menos que cruciales, el gobierno se apresta a redoblar su esfuerzo para lograr que el candidato Néstor Kirchner alcance una buena porformance y desplace al segundo o tercer lugar a Carlos Menem o Rodríguez Sáa.
Este envión lo dará Duhalde en persona a su regreso de Europa y apuntará sus cañones directamente hacia Adolfo Rodríguez Saá, quienes según las encuestas que maneja el presidente, en lugar de perder posiciones las ha ido ganando.
Sus primeras espadas también han sido entrenadas para socavarle el piso al ex gobernador puntano.
De todas maneras, existe la sensación de que estas elecciones pueden traer grandes sorpresas. Por ejemplo, que Carlos Menem, por diferencias mínimas, quede tercero, o bien que Kirchner, por diferencias mínimas, quede tercero.
Menem, en tanto, ha iniciado ya los contactos con Ricardo López Murphy para alcanzar un pacto político, si es que es necesaria una segunda vuelta y en esa instancia está presente el ex presidente.



