Buenos Aires (Especial para NA por Luis Torres) -- El presidente Eduardo Duhalde siguió atentamente en el ministerio de Defensa durante más de dos horas las explicaciones técnicas de un grupo de generales sobre el desarrollo de la guerra en Irak.
Los militares argentinos, muchos de los cuales son veteranos de la guerra de Malvinas, vienen siguiendo el desarrollo de las acciones en Medio Oriente para aprender de los aciertos y errores de la coalición y de los iraquíes.
Los militares explicaron al Presidente las complicaciones que ha tenido la alianza anglo-norteamericana por la imposibilidad del uso de espacios aéreos fronterizos y aun de pistas de aterrizaje militares. Especialmente el caso de Turquía y de Jordania.
La conclusión es que la guerra no tendrá un final inmediato y el drama que sobreviene es el de los refugiados, el del hambre y la sed.
La posición argentina sigue siendo en este punto inalterable: no intervenir en el conflicto, ofrecer ayuda humanitaria, condenar severamente el terrorismo internacional, no condenar a Estados Unidos y Gran Bretaña por las acciones que están llevando y evitar en lo posible que los países latinoamericanos se pronuncien en contra del poderoso pais del norte.
El punto que los militares argentinos y el poder político ya han comenzado a analizar es la situación de Colombia.
El gobierno de este estado ha adherido fervorosamente a la posición norteamericana, lo que hace pensar que una vez concluido el capítulo Irak, Estados Unidos le prestará ayuda militar a los colombianos para derrotar a las Fuerzas Armadas Revolucionarias Colombianas (FARC).
Brasil ya ha anticipado su rechazo a que Estados Unidos intervenga militarmente en Colombia y Argentina tendrá que enfrentar esta decisión ya cuando haya un nuevo gobierno en la Casa Rosada. Ese es un escenario en el cual tanto Fuerzas Armadas como políticos ya están pensando.
La guerra ha venido opacando una campaña electoral ya de por sí bastante anémica, falta de ideas y poco vigorosa.
Faltan poco menos de 30 días para el acto electoral y las encuestas muestran una rara paridad entre los tres candidatos peronistas, Carlos Menem, Néstor Kirschner y Adolfo Rodríguez Sáa.
Esta paridad hace temer que las diferencias entre uno y otro el día de las elecciones sean mínimas, lo que podría desencadenar una serie de reclamos judiciales, lo que crea un interrogante acerca de la fecha en la segunda vuelta y de la entrega del poder. Si esto llegara a ocurrir es evidente que el atraso no sería responsabilidad del Gobierno.
En este marco, el caso Barrionuevo perjudicó indiscutiblemente al peronismo.
La pregunta de rigor es saber por qué los senadores peronistas con las excepciones de los de Santa Cruz, San Luis, uno de Chubut, uno de Córdoba y uno de Santa Fe, le salvaron la vida al dirigente gastronómico.
En el Gobierno central se ensayan algunas respuestas: en primer lugar a tan pocos días de las elecciones generales resultaba muy peligroso provocar a un legislador como Barrionuevo que no le teme al escarnio. Es más, lo promueve.
Al momento de la evaluación en el bloque de senadores privilegió la paz antes que la guerra.
El segundo motivo por el cual Barrionuevo salvó su pescuezo fue que el Gobierno le reconoce al menos un 50 por ciento de responsabilidad en el escándalo de Catamarca al gobernador radical Castillo.
Una muestra de la fortaleza de la alianza que une a Duhalde con Alfonsín fue el voto de la senadora Diana Conti, del Frepaso, que reemplazó al ex presidente de su banca de senador cuando este renunció. El voto salvador de Diana Conti obedeció a una clara señal de Raúl Alfonsín, quien de esa manera ratificó en los hechos su alianza con Duhalde.
Los candidatos y el peronismo dedicarán las próximas semanas a conquistar voluntades en los distritos más populosos como es la provincia de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Mendoza y Entre Ríos.
En la provincia de Buenos Aires, donde habitan 14 millones de personas, se ha registrado un fenómeno que no por poco conocido deja de tener una importancia tal vez decisiva a la hora de contar los votos.
El interior de la provincia de Buenos Aires representaba hasta diciembre del año pasado el 30 por ciento de la totalidad de los votos bonaerenses. En la actualidd ese porcentaje se ha elevado al 40, lo que beneficia notablemente al gobernador Felipe Solá, cuyo mayor caudal de votos para las elecciones de setiembre se encuentra precisamente en esa región. Pero también beneficia a Carlos Menem, donde las encuestas lo muestran ampliamente ganador en la séptima sección electoral, con la excepción del distrito Saladillo.
De todos modos no existe ningún sondeo de opinión ni ninguna encuesta en la que no haya que recurrir a la segunda vuelta. Y en este caso siempre es perdedor Carlos Menem.
En el búnker menemista de la calle Esmeralda, sin embargo, se manejan otros números y si bien la euforia y el triunfalismo ha desaparecido como por arte de magia, todavía hablan de un "triunfo claro y contundente".
Por último, un fenómeno inesperado se ha venido produciendo en las últimas horas: es el crecimiento de Adolfo Rodríguez Sáa cuya figura parecía que había quedado muy atrás de Menem y Kirchner.



