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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 26/mar/2003 de La Auténtica Defensa.

Las Locuras y la Guerra  
Por Juan Alberto Yaría ´El planeta no es aún Tierra- Patria, la sociedad mundo está en gestación inacabada sometida a fuerzas destructivas - creativas que tal vez no se llevará a cabo nunca´ E. Morín- ´Educar en la Era Planetaria´




LA PLATA, (Especial de AIBA). El filósofo Cineas le preguntó a Pirro: ´Cuando hayas conquistado Grecia ¿Qué harás?´. ´Conquistaré Africa´. ´¿Y luego?´

´Conquistaré Asia´. ´¿Y luego?´ ´¡Conquistaré la India!´. ´¿Y luego?´, siguió preguntando Cineas. ´Luego descansaré de mis esfuerzos´. ´¿Y por qué -repuso el filósofo- no empiezas a descansar ahora?´.

Este diálogo histórico que cita Simone de Beauvoir marca el doble misterio del hombre: el hombre es proyecto, tarea, búsqueda de algo nuevo, vocación de vivir; aquí la vida es empresa generalmente marcada por ese Dios de los griegos que es el Amor que nos lleva a ampliar para sumar y hacer crecer a la humanidad.

En esta primer vertiente el poder hacer es poder ser, o sea realización de lo humano.

Pero el hombre tiene otra vertiente, casi satánica, la necesidad de dominio expresada sistemáticamente en la vigencia del otro Dios de los griegos Thanatos, Dios de la muerte, imperio de la aniquilación del otro. Es el triunfo de una cultura, la cultura de la muerte.

El mundo siempre giró en torno a estos dos marcos antagónicos que parecen ser complementarios. El siglo XX produce una María Teresa de Calcuta y al mismo tiempo a Stalin y Hitler. Son dos fuerzas que intentan mundializarse y expandirse pero con diferentes valores y proyectos de sociedad. En el hombre mismo conviven aquél que genera una tendencia solidaria y aquél que guerrea contra otros desde su singular paranoia y destructividad o contra sí mismo produciéndose adicciones, depresiones, etc.

Pensemos que a lo largo de la década del 90 en el mundo se han producido 118 conflictos armados que han implicado a 80 Estados y han producido 6 millones de muertos. Diez de estos conflictos han sido inter-estatales mientras que 108 se han

producido en el interior de los Estados.

En estas guerras hay dos nuevos fenómenos: el terrorismo global y la elección de la población civil como blanco, objetivo estratégico y no sólo como víctima. Todo esto aumenta la incertidumbre, el miedo, el pánico y por ende la psicosis ante la guerra.

La utilización de armas químicas, gases (pensemos cómo murieron en Rusia en el teatro centenares de personas: respirando un gas tóxico a través de los aparatos de aire acondicionado) genera una nueva visión del peligro en donde todo es peligroso. Ya no es un tanque que avanza o un avión que se acerca detectado por un radar.

Cuando decimos que alguien es un ´loco de la guerra´ estamos hablando de alguien casi sin recuperación. El saber popular quiere decirnos con esto la dimensión siniestra del hecho de la guerra. Guerra y locura van de la mano no sólo por la cantidad de muertos que se generan, también la de mutilados y discapacitados de por vida.

Fundamentalmente el aumento de enfermos mentales es enorme.

Cada guerra ha añadido a los textos médico-psicológicos nuevos cuadros clínicos. La Primera Guerra Mundial mostró la importancia de los cuadros de agotamiento nervioso, la histeria y el alcoholismo. El combatiente bajaba todas sus defensas frente al exceso de trauma que vivía y se desligaba del mundo, se aislaba, entraba en autismo o frente a una herida leve su sistema inmunológico no respondía y se moría.

La primera lección de la guerra era el pánico frente al plus de muerte que se vivía, de ahí el reparto de anfetaminas o la morfina para establecer un límite que le permitiera vivir lo terrorífico en las trincheras. La Segunda Guerra Mundial nos deja la lección de la depresión, el combatiente entraba en un pánico depresivo. La Guerra de Vietnam muestra a la drogadependencia y a la farmacodependencia como resultados ya que en esa guerra las tareas de exterminio del adversario también pasaron por organizaciones de venta de drogas.

La Guerra del Golfo llevó al estudio del stress post-traumático y de los trastornos de

pánico y de ansiedad generalizada. El hombre queda marcado por la experiencia del horror y esto lo va a trasladar a experiencias después de la guerra. El susto, el miedo y la angustia se han apoderado para siempre de él y esto se revive permanentemente en su imaginación y no puede desprenderse de estas compulsiones temerosas.

También están las enfermedades del combatiente que al invertir sus valores (podrás matar frente al no matarás de la Ley de la civilización) se siente Dios, invulnerable y al encontrarse con el hecho de la muerte siente un placer muy especial. Se alimenta su Ego delirante, toma riesgos excesivos y se suicida sólo por haberse excedido en los riesgos.

Cuando sobrevive después de la guerra en muchos casos sigue peleando en su ciudad, su familia o en una guerra imaginaria.

En fin, hay mucho por decir; quizás recién empezamos en esta dura lucha por vivir que implica asumir nuestros apetitos de dominio y exterminio. Como dijera Sarmiento:

civilización o barbarie. (AIBA)

(*)Director del Instituto de Prevención de la Drogadependencia - Universidad del Salvador


 
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