"Siempre estará a nuestro lado para consolarnos y darnos alivio aún en la noche más oscura, porque somos esencialmente luz, y estamos aquí para iluminarnos e iluminar a los demás", señala el padre Rufino sobre la Virgen María.
En este segundo domingo del tiempo de Navidad, celebramos la Solemnidad de Santa María, Madre de Dios, y corresponde la lectura del Evangelio de San Lucas, Capítulo 2, versículos del 16 al 21: "Fueron a toda prisa y encontraron a María, a José y al recién nacido acostado en el pesebre. 17 Al verlo, contaron todo lo que el ángel les había dicho acerca del niño. 18 Y todos cuantos escuchaban a los pastores se quedaban asombrados de lo que decían. 19 María, por su parte, guardaba todas estas cosas, meditándolas en lo íntimo de su corazón. 20 Los pastores se volvieron dando gloria a Dios y alabándolo por lo que habían visto y oído, pues todo había sucedido tal y como se les había anunciado. 21 A los ocho días llevaron a circuncidar al niño, y le pusieron por nombre Jesús, el nombre que el ángel le puso antes de ser concebido".
"Cuando uno lee la Palabra –señala el Padre Rufino Giménez Fines- es bueno también, por decirlo así, intentar tener un poco de contexto. En la escena de hoy ya vemos una clara señal de lo que luego vendrá en cuanto a la llamada Nueva Alianza: los pastores reciben el anuncio de un ángel, quien les dice que ha nacido el Mesías. "Encontrarán al niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre", es decir, su cuna lejos de ser un elaborado mueble digno de un rey, es apenas un recipiente destinado a dar de comer al ganado. ¡Epa! ¿Qué está pasando aquí? Interesante. Ya en la escena relatada hoy, vemos a María, totalmente entregada a la voluntad de Dios, quien concibe por obra y gracia del Espíritu Santo.
El ideal del pueblo de Israel era escuchar la palabra de Dios, y María encarna ese ideal al engendrar la Palabra en la que Dios de dice totalmente: Jesús. Del linaje de David, nace el retoño que es la esperanza y la respuesta de Dios. Sin embargo, esta maternidad es dolorosa. Hay turbación, dificultad, incluso persecución, más luego si bien no termina de entender cómo se expresa el niño, María no deja de confiar y acatar la voluntad de Dios que le es expresada por su propio hijo, por los pastores, por el anciano Simeón… "Guardaba todas estas cosas, meditándolas en lo íntimo de su corazón", dice el texto. Imaginémonos por un segundo en similares circunstancias. ¿No dudaríamos más de una vez de nuestra propia cordura? Claro que sí, en la medida en que no depositemos nuestra total confianza en Dios. María crece, su maternidad no termina en Belén, y si leemos bien, tampoco en la cruz, cuando pasa a ser la madre de todos, lo cual se ratifica en su asunción".
"Como María, la comunidad cristiana, reunida para la celebración, guarda y reaviva la memoria de Jesús, su acción liberadora y emancipadora. El memorial de la Eucaristía hace presente la gesta de Jesús en favor de todos aquellos que viven esclavizados por su circunstancia, no logran elevarse espiritualmente y por tanto que la Paz esté con ellos. La fiesta de este domingo, Solemnidad de Santa María, madre de Dios, nos presenta estas cosas para que las visualicemos y consideremos en profundidad… María, una de nosotros, esa adolescente temprana y pura que acepta plenamente la misión que le es encomendada. Sólo ella y San José, quien era ‘un hombre justo’ sabían qué había pasado. No dejan nunca de contemplar la maravilla de Dios, su manifestación en los lugares menos pensados y ante los testigos menos considerados. De hecho, toda la vida de María es contemplar, guardar, meditar, y compartir la experiencia del amor.
Entonces, estemos atentos y, como ella, seamos testigos del amor de Dios. Ese es el desafío para nosotros en este tiempo: saber escuchar, y tener la apertura al Espíritu para que pueda anidar en nuestro corazón y todo lo veamos desde ese lugar.
En el documento de Puebla de 1979 se menciona que María, repito, una de nosotros, es la que une el cielo con la Tierra, es decir, lo divino y lo humano. Llena de Gracia, y bendita entre todas las mujeres, María es modelo de disponibilidad, de servicio, de contemplación… y sobre todo es madre, con mayúsculas, que intercede permanentemente por nosotros.
En este contexto, vale mencionar que el dogma de María, madre de Dios, fue definido en el Concilio de Éfeso en el año 431. María es madre del hijo de Dios, no es diosa pero está en una relación especial con la Santísima Trinidad.
Es hija agradecida de Dios Padre, es madre, educadora, discípula de Dios hijo, y fecundada por el Espíritu Santo que proviene de Dios. Íntima de él. Es madre de la Iglesia, es nuestra madre, quien nos enseña a cultivar en la comunidad cristiana. María es ‘entraña de madre’ que se traduce en todo lo bueno que encierra el rol: la ternura, el cariño, la protección y misericordia, sobre todo para con los más necesitados. Esa es la estatura de María, quien siempre estará a nuestro lado para consolarnos y darnos alivio aún en la noche más oscura, porque somos esencialmente luz, y estamos aquí para iluminarnos e iluminar a los demás", concluye el sacerdote Rogacionista.



