Hoy se conmemora un aniversario más de la muerte de un gran caudillo de Buenos Aires. Su vida estuvo marcada por el exilio y la tragedia desde pequeño. A los seis años escapó de la Tiranía de Rosas junto a su madre en un vapor hacia Montevideo. Sin duda fue una buena decisión la de Valentín Alsina, padre de Adolfo, pues pocos años más tarde su suegro -Manuel Vicente Maza- terminó siendo asesinado por la Mazorca.
En 1852, tras la caída de Rosas, los Alsina pudieron partir de Montevideo y regresar a Buenos Aires. Ciudad a la que Adolfo seguramente no recordaba, pero que pronto hizo suya. Llegó de lleno al "corazón del pueblo", gracias al magnetismo propio de los líderes.
Tras la batalla de Pavón -donde combatió contra las fuerzas de Justo José de Urquiza- fue electo diputado. Tenía entonces 33 años.
En mayo de 1866 se convirtió en gobernador de Buenos Aires, como lo habían sido su abuelo materno y su padre, Valentín. A pesar de ser opositor, apoyó al entonces presidente, Bartolomé Mitre, y facilitó parte del financiamiento para la Guerra del Paraguay desde la gobernación bonaerense.
La juventud estudiantil y los intelectuales simpatizaban con él. Era tan popular que, según los investigadores Guillermo Gasio y María San Román, para librarse de aquél verdadero acoso solía salir y entrar de su casa -en la actual calle Alsina- escondido en el carruaje.
El siguiente gran paso fue llegar a la vicepresidencia del país en las elecciones de 1868, que impuso a Sarmiento como presidente.
No tuvo buena relación con Domingo Faustino Sarmiento, por una cuestión de ascensos militares, y el entonces presidente habría dicho algo como que "Se quedará a tocar la campanilla del Senado durante seis años, y lo invitaré de tiempo en tiempo a comer para que vea mi buena salud", lo que marcaría como sería su relación durante todo el mandato. Sarmiento logró marginarlo y prácticamente anularlo durante los años de gobierno. De todos modos la impronta de Alsina no se vio afectada. El hombre representaba a las clases bajas de Buenos Aires y la sola mención de su nombre despertaba mucho entusiasmo entre los desposeídos.
Luego concretó una alianza para que Nicolás Avellaneda fuera presidente y él se convirtió en su ministro de Guerra. Desde su ministerio buscó combatir los malones. Ideó correr progresivamente la línea de frontera construyendo un foso que cubriría kilómetros para que los aborígenes no puedan llevarse el ganado, un proyecto criticado por el entonces subalterno Julio Argentino Roca.
Desde su ministerio buscó combatir los malones. Ideó correr progresivamente la línea de frontera construyendo un foso que cubriría kilómetros. Para esto contrató al ingeniero francés Alfredo Ebelot, quien planificó y dirigió la creación de la famosa "Zanja de Alsina". La zanja se construyó con dos metros de profundidad y tres de ancho. Todavía hoy puede observarse en algunas zonas. Contaba con una defensa lateral hecha con la tierra extraída. Paralelamente fueron fundados algunos pueblos, se construyeron ciento nueve fortines y se plantaron doscientos mil árboles. En una de las visitas a la frontera se cree que contrajo paludismo y comenzó su lenta agonía. El golpe fue grande: con 48 era el hombre político del momento.
El 29 de 1877 fallece y Roca ocupó inmediatamente el puesto vacante e impuso un nuevo plan territorial conocido como "Conquista del Desierto". El éxito de esta acción terminó abriéndole las puertas hacia una presidencia que meses antes todos creían destinada a Alsina.
Según el historiador Enrique de Gandía, unas cincuenta mil personas fueron parte del cortejo fúnebre. Así despidió Buenos Aires a uno de sus hijos más amados que curiosamente -a pesar de tanta popularidad- pasó a la historia por una "zanja". Ninguno de sus contemporáneos lo hubiese creído posible.
MAS DE TRESCIENTOS KILOMETROS RECORRÍA LA ZANJA DE ALSINA.
TODAVÍA HAY VESTIGIOS EN ALGUNOS LUGARES DE LA LARGA TRINCHERA DE ALSINA.



