La poesía y la narrativa en tiempos de Navidad
La aldea de Laponia, allá en el polo norte, estaba totalmente revolucionada, nunca se había visto tanta conmoción.
Los elfos corrían de acá para allá sin tiempo de detenerse un minuto.
Las cartas se amontonaban por doquier y santa sentía que esta vez la navidad se le iba de las manos.
Con la agilidad de los medios electrónicos los pedidos de navidad no solo llegaban más rápido, también llegaban mucho antes.
Ya en noviembre se empezaron a acumular los emails en las computadoras del Polo Norte donde los elfos revisaban todos y cada uno de los correos que llegaban de todo el mundo.
Entre los muchos pedidos que recibía Santa, se encontraban autitos, aviones, Play 5, cohetes, muñecas, tablets y cuanto juguete se haya inventado.
Los talleres de los elfos se encargaban de la fabricación de todos los pedidos y el armado de los paquetes, mientras en los altos parlantes sonaban villancicos por doquier.
Clasificaban según las regiones desde donde llegaban los pedidos, y armaban el cronograma de entrega al detalle, segundo a segundo.
Pipín era el primer ayudante, quien coordinaba a los demás elfos y siempre estaba con Santa en las decisiones importantes.
Por los alto parlantes de la fabrica se escucho la vos inconfundible de Santa: -Pipín!!!
Pipín abrió los ojos y salió corriendo, ese llamado denotaba urgencia y Pipín le venían una cantidad de pensamientos por la cabeza, ¿abre olvidado algún regalo? ¿Abre perdido una carta? ¿Faltaron ruedas para las bicicletas?
Subió las escaleras que lo llevaban a la oficina principal y abrió la puerta, Santa estaba sentado en su escritorio, con una montaña de cartas enfrente y una en la mano, la sonrisa se la dibujaba en la cara.
-Dígame Santa que pasó?
-Pipín llegó la hora!!!, te acordas de la carta que guardamos hace veinte años?
-la del nene que quería una estrella?
-exacto, esa misma, es hora de ayudar, tráeme el polvo mágico le ponemos a Rodolfo para que vuele, lo vamos a necesitar.
Pipín salió corriendo, bajó las escaleras y se dirigió al establo donde se encontraban descansando los renos, la nieve le pegaba en la cara, pero Pipín no le afectaba, estaba acostumbrado a vivir en el frío.
Entró y abrió el gabinete donde estaba guardado el polvo dorado, mientras Rodolfo lo miraba sin entender mucho.
Cargó un frasco con cuidado, lo cerró bien y volvió rápidamente a lo de Santa.
-Santa, acá está el polvo, ¿que vas a hacer?
-Querido Pipín, voy a apurarme, si no va a ser en vano. Tráeme la muda de verano.
Pipín obedeció y le alcanzo el traje de verano.
-me voy, dijo santa, vuelvo en algunas horas.
Toda la aldea estaba exaltada, nunca Santa había salido al principio de diciembre, y menos sin decir adónde iba.
Al anochecer aterrizó el trineo y Santa bajó del mismo con una sonrisa de oreja a oreja.
10 días después, el 18 de diciembre, en Qatar, se disputaba la final del mundial de fútbol.
Si Lautaro Martines hace el gol se terminan los penales y Argentina sale campeón del mundo.
El árbitro pita, patea y la pelota se mete de lleno en el arco.
GGOOOLLLLLL!!!!!
El estadio estalla en una fiesta descomunal y el mundo entero con ellos.
En los vestuarios luego de festejar los jugadores se empiezan a cambiar, Dibu le pregunta a Lio, -¿Che que es ese polvo dorado que sale de los guantes y los botines?
-No sé, yo también lo tengo, será algún talco que usan acá en el desierto.
Dicho esto, se fueron a festejar la tercera estrella.
Mientras tanto en Laponia Santa, con una sonrisa en la cara, dobla la carta del pibe de rosario que le pedía una estrella, esa que tenía guardada hace 20 años.
SOÑANDO DESPIERTO
Niño te has quedado
frente a la vidriera
soñando despierto
Está noche buena.
Tu carta has escrito
con poquitas letras
porque hoy es la calle
tu única escuela.
Y miras el cielo
pidiendo se entienda
que en ella has pedido
una bicicleta.
Aunque alguien te ha dicho
que hasta aquí no llega
el papá Noel
el que tanto esperas,
porque hoy tu casita
es cualquier vereda.
Niño te has quedado
frente a la vidriera
soñando despierto
otra noche buena.
Gloria Mattos



