Una vida más humana y digna es posible. Se trata de una construcción personal, y a la vez colectiva.
En este trigésimo tercer domingo del Tiempo Ordinario, corresponde la lectura del Evangelio de San Lucas, Capítulo 21, versículos del 5 al 19: "Algunos estaban hablando del Templo, de la belleza de sus piedras y de las ofrendas votivas que lo adornaban. Entonces Jesús dijo: 6 — Llegará un día en que no quedará piedra sobre piedra de todo eso que ustedes están viendo. ¡Todo será destruido! 7 Los discípulos le preguntaron: — Maestro, ¿cuándo sucederá todo esto? ¿Cómo sabremos que esas cosas están a punto de ocurrir? 8 Jesús contestó: — Tengan cuidado, no se dejen engañar. Porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: "Yo soy" o "El momento ha llegado". No les hagan caso. 9 Cuando ustedes oigan noticias de guerras y revoluciones, no se asusten. Aunque todo eso ha de suceder primero, todavía no es inminente el fin. 10 Les dijo también: — Se levantarán unas naciones contra otras, y unos reinos contra otros; 11 por todas partes habrá grandes terremotos, hambres y epidemias, y en el cielo se verán señales formidables. 12 Pero antes que todo eso suceda, a ustedes les echarán mano, los perseguirán, los entregarán a las sinagogas y los meterán en la cárcel. Por causa de mí los conducirán ante reyes y gobernadores; 13 tendrán así oportunidad de dar testimonio. 14 En tal situación háganse el propósito de no preocuparse por la propia defensa, 15 porque yo les daré entonces palabras y sabiduría tales, que ninguno de sus enemigos podrá resistirlos ni contradecirlos. 16 Hasta sus propios padres, hermanos, parientes y amigos los traicionarán; y a bastantes de ustedes les darán muerte. 17 Todos los odiarán por causa de mí; 18 pero ni un solo cabello de ustedes se perderá. 19 Manténganse firmes y se salvarán".
"Aquí –señala el padre Rufino Giménez Fines- vemos en palabras de Jesús un texto ‘apocalíptico’, de ‘revelación’ que hablan las características de los últimos tiempos, e infunde fe y esperanza a los justos que sean perseguidos. Son escritos típicos de los tiempos de crisis y persecución, cuando la lucha entre el bien y el mal se manifiesta de manera clara y evidente. Jesús utiliza el estilo simbólico para expresarse y transmitir la urgencia de optar por el reinado de Dios por medio de Jesucristo para alcanzar la plenitud de salvación y paz, que se traduce en felicidad. Nos dice: ‘Manténganse firmes y se salvarán’. No es una promesa, es un sabio consejo: la fe nos enseña desde dónde vivir la vida, tanto en los buenos tiempos como en las adversidades a sabiendas que no estamos solos y que hay cuestiones que no dependen de nosotros ni podremos manejar, ya sea a nivel personal o social. Eso no implica una mirada pasiva de las cosas: el cristianismo es acción, compromiso, voluntad de cambio a favor de bien común… Ama a tu prójimo como a ti mismo ¿les suena?".
"El tiempo final estará lleno de desafíos, riesgos y dificultades. Muy bien. Los desafíos de nuestra fe pasan por ejemplo, por no naturalizar el egoísmo opresor que genera hambre y pobreza, al punto de someter a muchos a condiciones de vida infrahumanas. También está el secularismo en aquellos que viven prescindiendo de Dios y de los valores del espíritu, cayendo en un materialismo y consumismo que vacía sus vidas de contenido, dañándose a sí mismos y a los demás... como dice el tango Cambalache: ‘todo es igual, nada es mejor’. Hablamos de un estilo de vida carente de ética, honestidad y de valores humanos, por lo tanto, opresor del hombre entendido este como sujeto llamado a elevarse. Como digo siempre en estas reflexiones dominicales: tratemos de ser cada día menos criaturas y más seres humanos. ¿Qué nos dicen estos tiempos? ¿Qué está pasando en el mundo y, en definitiva, en nuestra propia casa? No dudemos en dar testimonio de Cristo. Si lo seguimos es porque creemos que una sociedad más humana y digna es posible, y que el tránsito de esa construcción es la que nos lleva a la salvación. La hora de la prueba es ocasión de dar testimonio. Por eso es indispensable tener constancia en la fe y depositar nuestra confianza en Dios. No tengan dudas: cada uno de nosotros, Dios mediante siempre, es creador de Paz", concluye el sacerdote Rogacionista.



