Me estaba afeitando, es inevitable verme en el espejo y no ser indiferente al paso del tiempo. Tengo rastros del tiempo, esos que tanto desee tener. Es increíble, soy lo que tanto anhelé ser de chico. Me he convertido en un adulto, como de un día para el otro, ¡y pensar que tenía ansiedad por ser "grande"! Deseaba poder hablar en tono grave como lo hacía mi viejo o mis tíos, tener barba, alguna que otra cana, las manos grandes y fuertes. Me miro al espejo y recuerdo los desfiles de moda en la casa de la Nona.
En una de las habitaciones había un ropero lleno de ropa de tías y tíos, de sus épocas de solteros o que dejaban de usar. No sé bien qué función cumplía ese ropero lleno de ropa vieja, pero era muy común que lo usemos normalmente para jugar. Nos preparábamos en la habitación para hacer un desfile en el garaje. Todavía no existía la célebre frase "Qué noche Teté", aunque sí teníamos presentador o presentadora que decía con el secador de piso como micrófono: "aquí viene" o "tal luce un pantalón...".
A mí me gustaba ponerme un saco del Nono y una corbata azul con un estampado blanco y gris. Las mujeres morían por un tapado de piel, que en verdad estaba bueno. Mientras las chicas se maquillaban, nosotros nos mirábamos al espejo y ensayábamos actitudes, voces, poses, manierismos... Nos reíamos de nosotros mismo, era evidente que nos faltaba mucho por crecer. "Eso te queda bien", nos mentíamos entre nosotros.
En la antesala, que era la cocina, hacíamos los últimos retoques mientras esperábamos nuestro momento de desfilar. Cuando nos nombraban entrábamos al garaje, algunos arrastrando el calzado para que no se salga y otros olvidando el consejo de apoyar un pie delante del otro para lucir más elegante.
Ya casi termino de afeitarme, me estoy haciendo los últimos retoques. Me miro al espejo y me pregunto: ¿por qué no seguí la carrera de modelo?



