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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 25/sep/2022 de La Auténtica Defensa.

"Gané muchos títulos, pero valoro más haber concientizado a la sociedad de que se nos vea como deportistas"




Silvio Velo, capitán de Los Murciélagos, compartió su historia de superación personal durante el Congreso "Valores, deportes y educación" llevado a cabo en el marco del programa Campana Aprender. Conocé su testimonio.

El capitán de la Selección Argentina de fútbol para ciegos tiene una peculiar capacidad: habla y según la magnitud del eco que retorne a sus oídos, es capaz de dimensionar con bastante precisión el lugar donde se encuentra. Así se dio cuenta de la cantidad de audiencia dentro del Auditorio de Tenaris que durante el Congreso "Valores, deportes y educación" siguió con atención su historia de superación personal: la que lo llevó de ser un chico no vidente apasionado por los picados en su San Pedro natal a ser Silvio Velo, el "Messi" de Los Murciélagos.

"Nací ciego, nací pobre, a priori sin ningún tipo de posibilidad. Vengo de una familia numerosa: trece hermanos, un equipo de fútbol completo, con dos suplentes (risas). Vivíamos en un rancho de barro, sin luz eléctrica ni agua. Lo cuento para que vean que uno se puede superar. Ahí arrancó todo, esta pasión que traigo desde la cuna, la pasión del fútbol, jugando con mis amigos y mis hermanos. La pelota era el único juguete que teníamos y por suerte la podíamos compartir, algo maravilloso", relató el dos veces campeón del mundo y medallista paraolímpico.

Silvio aseguró que no ver "no fue una limitación" en mi vida, ni siquiera de niño. "Cualquier juego que hicieran los chicos, yo lo quería hacer. Agarraba la bicicleta y me iba. Me mataba a golpes, pero eso lo lindo: caerse y levantarse", comentó el atleta. Y siguió: "Por suerte, tuve unos padres que no fueron sobrepro-tectores para nada, me trataron como a todos mis hermanos. La familia jugó un gran papel, así como mis amigos invitándome a jugar al fútbol".

Esa "infancia hermosa", como la definió en más de una oportunidad, tuvo un giro: "En San Pedro en esa época no había escuelas para personas con discapacidad visual, entonces mis padres encuentran en San Isidro, el Instituto Román Rosell, una escuela para personas ciegas. Me llevan a hacer la primaria, a aprender el sistema braille. Mis padres tuvieron que internarme a los 10 años, porque no podían ir a buscarme todos los días. Fue duro, pero maravilloso que haya pasado. Mis padres tomaron ese protagonismo de actuar positivamente para mi. Ellos se fueron con los ojos llenos de lágrimas, porque me dejaron en un lugar que no conocían, pero priorizaron que iba a poder estudiar".

Sus años en el Román Rosell no fueron fáciles. Lejos de su pago, Silvio amagó con cuestionar su situación personal. "¿Por qué tocó la ceguera a mi?". Pero su positividad innata lo llevó de inmediato a hacerse la pregunta opuesta: "¿Por qué NO me podía pasar a mi?".

"Tenía dos opciones -resumió el futbolista-: renegar de no ver, haciendo sufrir a mi entorno, o la otra, tomar lo que tengo, potenciar los otros sentidos e ir para adelante". Y así lo hizo. El instituto fue su "plataforma de lanzamiento", descubriendo "que la pasión que traía desde la cuna la iba a poder desarrollar" al encontrar "a unos chicos jugando con una pelota que tenía sonido". Para Silvio fue revelador, "algo maravilloso" que le hacia "salir el corazón del pecho".

"Descubrir que podía escuchar a la pelota para mi como verla, me sentía Maradona y Messi juntos. Fue una primera bisagra: supe que lo que traía adentro mío lo iba a poder desarrollar. Era lo que más quería", confesó.

Unos años después, en 1991, se armó el primer seleccionado de fútbol para ciegos y con tan solo 20 años Silvio pudo cumplir su sueño de ponerse la camiseta de Argentina y defender los colores de su país en el plano deportivo. Ese mismo año le dieron la cinta de capitán, algo que tres décadas después y todavía en actividad, sigue luciendo con orgullo.

"Más allá de triunfar en lo deportivo, nosotros debíamos también triunfar en la sociedad. El fútbol paraolímpico era visto como un grupo de terapia: pero nosotros queríamos jugar al fútbol, teníamos el mismo sentimiento que los demás", recordó Silvio, resaltando que "a fuerza de resultados y de compromiso y responsabilidad con el deporte, se fueron abriendo puertas".

"He ganado muchos títulos, pero el logro que más valoro es haber concientizado a la sociedad de que se nos vea como deportistas", remarcó.

Para Silvio, "los valores más importantes son los que vienen de la familia -creo que es fundamental, el sponsor numero uno de cada uno de nosotros- y de los amigos. No siempre las cosas te van bien. Yo era campeón del mundo, pero para llenar la olla jugando en un deporte amateur, tenía que ir a vender lapiceras en el tren porque no llegaba fin de mes. Pero no me quejo, estoy contento porque lo pude hacer sin perder el foco: seguir en el deporte, que era lo que yo amaba".

"Uno tiene que vivir siempre alegre. Nuestro equipo se caracteriza por ser feliz. Pasa por ahí la vida, siempre hay que ver el vaso medio lleno, ser positivo", expresó el capitán de Los Murciélagos.


El Auditorio de Tenaris durante el Congreso “Valores, deportes y educación" colmado para escuchar a Silvio Velo, el "Messi" de los murciélagos.


La pelota era el único juguete que teníamos y por suerte la podíamos compartir, algo maravilloso", relató el dos veces campeón del mundo y medallista paraolímpico.



 
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