Estamos acostumbrados en esta columna a indagar la novedad, darle algún otro giro tal vez más carismático, más fácil de deglutir. Siempre hay tema porque la realidad económica corre, al ritmo del gran capital. Otras veces el debate político se instala, copa la parada cuando se pasan de la raya y eso ocurrió el pasado jueves. Una parte de la sociedad quedó atónita y aún calibra la ficha del contrafáctico: del asesinato de Cristina Fernández de Kirchner. Otra parte de la sociedad, más incrédula y con sorna, desdeña cualquier esfuerzo por informarse de verdad y mira memes; ríe y cree tener una lectura acabada de los hechos: "fue mentira". La realidad se simplifica. Mientras tanto todo el arco político rechazó el torcido episodio y conversan sobre pasos comunes a seguir. Soy escéptica, entre tantos otros, sobre la condena a los discursos de odio.
Esta columna debe seguir y compartiré con ustedes algunas reflexiones en torno a las Economías Populares, que estuve investigando recientemente. ¿A qué llamamos "economía social" o popular o "tercer sector"? Se dice "a las personas que inventan su propio trabajo para sobrevivir", es una fracción, más pequeña y vulnerable, del sector informal pero una fracción densa, poblada y sistemática. Las EP no son movimientos temporarios propios de una etapa de crisis, van más allá de eso, se articulan de forma entrecruzada con el resto de la economía: atraviesan las fronteras entre lo formal y lo informal, la subsistencia y la acumulación, lo comunitario y el cálculo del beneficio. Desplazan fronteras y las desdibujan.
Por ejemplo, ¿qué tipo de antagonismo social configuran, por fuera de la figura del obrero? dado que conforman un modo de producción de valor que rebasa la construcción espacial clásica de la fábrica o la oficina, y que tampoco se realiza en el mercado. Por otro lado en las EP la población migrante tiene una importancia destacada, distinta de lo "nacional y popular" que caracterizó históricamente a los sindicatos. El campo de las EP implica una situación contemporánea que desafía también a la política pública.
¿Cómo es la relación entre las EP y los "movimientos sociales" que las representan políticamente?, ¿y cómo decodifican la percepción de dinero por parte del Estado?, ¿quién organiza el significado político de lo que se está redistribuyendo, y por tanto organiza o desorganiza la relación de obediencia con el Estado?
Hablamos de huerteros y recicladorxs de la basura, hasta lxs clásicxs vendedorxs ambulantes de trenes y colectivos, puesterxs de las ferias, cuidadores de coches, etc. Algunxs de lxs trabajadorxs de las EP con algo de ayuda podrán incorporarse al mercado formal pero otra parte no: se trata de la pobreza como una barrera a la entrada al mundo laboral; asimismo una parte de la economía informal podrá formalizarse pero otra parte no (la que abastece justamente a los sectores más pobres). Es preciso reconocer esta heterogeneidad a la hora de diseñar y promover políticas como "la transformación de los planes sociales a empleo" que abre tantos interrogantes.
Hoy día el programa social más relevante es el Potenciar Trabajo que tiene alrededor de 1,3 millones de beneficiarixs (sobre un universo estimado en casi 8 millones de personas que se emplean en el sector informal). La contraprestación laboral que supone el programa para otorgar a cambio medio SMVM de $22.000 está siendo ahora auditada: la labor debe integrarse dentro de las que son reconocidas por el ministerio de Desarrollo Social. Se lo quiere transformar en un plan puente hacia el empleo, otorgando beneficios fiscales por un año a las empresas que contraten por el período de un año a beneficiarixs del plan; dejarías de percibir el plan si pasás luego a integrar la planta.
Por otro lado está en danza el proyecto de ley de la senadora di Tullio de Refuerzo de Ingresos para reducir la indigencia, el cual propone crear una prestación mensual $15.000 para las personas que no alcanzan a cubrir la canasta básica alimentaria (establecida en ese monto a junio de 2022). Cerca de 1,7 millones de adultos serían beneficiarixs: personas que además de no tener trabajo registrado, no perciben ninguna prestación, jubilación, ni plan social; mujeres de entre 25 y 59 años y varones de entre 25 y 64 que conservarían el beneficio por un año con la posibilidad de renovación si sus condiciones de vida no han variado.
Recordemos que en términos laborales, el empleo informal fue el más dañado durante la pandemia: primero por las restricciones a la movilidad que afectaron directamente a la modalidad propia de las EP, y luego por la disminución de las retribuciones de los empleados formales (que suelen pagar a las EP). Así vemos que buena parte de la recuperación actual del empleo se explica por este rubro.. ¿está bien, está mal?
Por otro lado, en relación a los ingresos sabemos que el nivel de salarios general perdió 20 puntos contra la inflación durante el macrismo, más otros casi 5 puntos entre pandemia y 2021 para recuperar 7 puntos en lo que va de 2022. En tanto los asalariados informales perdieron 24 puntos con el macrismo, más otros 17 puntos entre la pandemia y 2021 y apenas recuperan 2 puntos en lo que va de este año. Es una situación acusiante la convivencia de una baja tasa de desempleo del 7% en el primer trimestre del año con un 37% de pobreza a nivel nacional, como acusa esta nota de Panamá Revista.
Con este mapa y sin otra reflexión nos despedimos hasta la próxima semana.



