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» Este artículo corresponde a la Edición del miércoles, 24/ago/2022 de La Auténtica Defensa.

La casa de la nona:
La Tolerancia de las Especies
Por Pavlo Legendario




Iba apurado y turbado con mis quehaceres. Encontré entonces con un viejo conocido que me empezó a contar sobre su nuevo trabajo.

Sin ningún gesto de empatía comenzó a relatar con detalles los porqués de su motivación a cambiar de trabajo. Por respeto lo escuché, pero se puso muy densa la conversación (que no era conversación, era realmente un monólogo). Después que, por suerte, lo saludé y seguí mi camino.

Quedé pensando: "¿Por qué la tolerancia a todo el mundo?". Le tendría que haber dicho la verdad, que estaba apurado y tenía cosas importantes que hacer. Si él en verdad quería conversar conmigo tendría que haber puesto empatía y ser respetuoso.

Me vinieron una lluvia de recuerdos y me di cuenta que estoy acostumbrado a tolerar. Hay, en la cotidianeidad, una violencia fina que se juega. Fina, pero violencia al fin.

Recordé cuando en la casa de la Nona "llegó" una tortuga. La Nona había comprado una tortuguita con la excusa de que cuidara el jardín.

Había que ponerle nombre después tener paciencia hasta que se haga grande, ya que sabíamos que las tortugas tardan mucho en crecer.

Ganó el nombre de "Rita", porque rimaba con tortuguita y nos turnábamos para intentar darle de comer. Rita, mientras tanto, se la pasaba con su cabeza replegada dentro de su caparazón. Esa tarde solo ocasionalmente sacó su cabeza.

"No quiere comer", "Ya comió"; decíamos cuando alguien le hacía oler insistentemente un pedazo de lechuga. La pusimos boca abajo para ver qué hacía y si se podía dar vueltas sola o no. También nos tentamos en hacerla girar boca abajo una vez. La dejábamos sola para que camine en el jardín unos pasos y apreciar su lentitud, pero enseguida la llevábamos al living a intentar darle de comer otra vez. "No quiere" y "Rita no quiere" fueron las frases más repetidas ese día.

Llego la Nona y salvó a Rita de un infarto seguro. "Déjenla entre las plantas para que vaya conociendo el jardín" nos dijo imperativamente.

Pobre Rita, tuvo una bienvenida muy intensa a la casa de la Nona.


 
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