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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 13/ago/2022 de La Auténtica Defensa.

Una Poética del Resplandor
Por Mariano Panetta y Carlos Cavalchini




Reseñar un libro de poemas es una tarea difícil. Nunca sabemos del todo lo que un poema puede llegar a evocar; sus sentidos son múltiples y, casi siempre, se nos escapan. No obstante, nos gustaría intentar algunas impresiones acerca de "La China", el nuevo libro del poeta Omar Morgante.

En principio, querríamos dar cuenta de la doble impresión que nos provocó la lectura de "La China". Por un lado, notamos que trasciende el género: se podría decir que es un libro de poemas, una historia de amor que se inscribe en la narrativa poético-amorosa, pero también puede pensarse en el diario de un amante enloquecido o en la crónica de un amor y de un país imaginario. Es decir: hay cruces textuales que hacen del libro un objeto misterioso. Por otro, la impresión tardía de que, más allá de nuestro interés por la poesía de hoy en las imágenes de hoy, Morgante es un poeta que escribe en el aislamiento, un poeta del encierro, hermético, para quien el mundo de lo cotidiano no existe y, al mismo tiempo, existe de un modo sutil. Dicho de otra manera: existe en la otredad. Así, nos hace entrar en un mundo de poesía atemporal, donde reinan los viejos asuntos en viejos personajes lejanos que funcionan y conmueven. O en su variante: luego de leer este conjunto de poemas, uno siente que el palacio existe y también que sintió caer la nieve. Eso y todo lo demás.

Desde un criterio narrativo, vemos en "La China" la evocación de un país imaginario en un tiempo imaginario en cuyo centro hay un palacio y, dentro del palacio, cientos de habitaciones donde el yo hablante despliega variaciones de imágenes amorosas. El poeta-amante-emperador cuenta las escenas inmortales junto a su amada, tanto desde el presente como desde el recuerdo, cediendo en ocasiones el punto de vista. Cada poema contiene las iluminaciones del yo lírico producidas por el amor, motivo que a lo largo del poemario se desplaza por distintas zonas, desde la contemplación enloquecedora, la confesión, el éxtasis, las pasiones, el erotismo, para culminar en la despedida que coincide con el invierno y el fin del amor y de la primavera. Por eso, si a primera vista, pueden parecer poemas escritos y dispuestos al azar, luego se advierte que están pensados bajo un sistema de resonancias poéticas. Un trabajo de años; construir un palacio lleva mucho tiempo.

En términos formales, las escenas de iluminación amorosa ocurren de acuerdo con cierto orden: primero, la imagen de la amada, la evocación poética; luego, el resplandor, la revelación amorosa que desborda al poeta y al poema. Así, si por una parte y, centralmente, se busca fijar la iluminación amorosa, por otra, la lírica de sus poemas responde al deseo de manifestar el resplandor. Hay, entonces, imágenes que se quedan grabadas: el país entero con sus tormentas de nieve, el contraste con el palacio, el interior y el exterior, la muralla, la naturaleza como espejo del cuerpo femenino, los desbordes de luz. En suma, una gran elección de imágenes que conforman todo un imaginario que podríamos denominar una "poética del resplandor".

"La China" es un universo en sí mismo; alcanza el grado de sutiliza que requiere, para su propio acontecer, esta clase de poesía. Un libro como "La China", tan cerrado, tan lejano, nos impone algunas preguntas: ¿qué pasa con la poesía de nuestro tiempo? ¿Qué ocurre con la estricta contemporaneidad? El uso de motivos orientales y las evocaciones de la naturaleza funcionan como una suerte de espejo de otredad, y funcionan por una razón muy simple: porque no tienen presente. Porque hoy, ni la tormenta de nieve ni los sonidos del viento ni la tensión entre el afuera y al adentro se manifiestan en nuestra ciudad. Por eso los poemas de "La China", en su aspiración a la otredad, producen lo que llamaríamos "melancolía de presente". Esto es, sentir belleza por eso que es nuestro, que forma parte de nuestro mundo y que no está en nuestra ciudad o tiempo (y si está, no lo advertimos). Dicho de modo más directo: sentimos melancolía del amor, de la nieve, de la naturaleza, del éxtasis, de la belleza, del silencio, de los resplandores.



Publicado por Ediciones del Dock, “La China" es el octavo libro de Omar Morgante.

 
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