Salí para la Farmacia por unos antibióticos, el dolor de muelas me estaba matando, tardé 48 horas en dar por vencido al Paracetamol y de un momento a otro ya estaba en la calle, sin arreglarme demasiado, tenía un look desprolijo que reflejaba mi terrible sentir. Cruzando la esquina, pasa un padre con su hijo en bicicleta, parecía un capítulo de la familia Ingalls en Campana, mientras que yo apenas podía caminar con semejante dolor. Pero, vos tuviste tu linda niñez, intentó compensar mi mente a esa escena violenta. Sí, sí es cierto me respondí, yo también tuve un lindo día de bicicleta alguna vez. Fue el Día de Reyes, pero lo recuerdo como el día de las bicicletas, ese día los Reyes parece que tenían solo bicicletas en sus camellos.
Mi viejo puso las dos bicicletas en el baúl del auto a medio cerrar, con mi hermano compartíamos una bici y mis hermanas compartían la suya, así marchamos a lo de mi abuela, en donde iban a estar todos. Cuando llegamos, me di cuenta que algunas traían inflador, al mío seguramente se olvidó ponerlo el bicicletero, no me hice mucho drama, había que divertirse mucho y rápido, porque el Día de Reyes es día de precepto y hay que bañarse e ir obligadamente a misa.
La tarde era el final del Día de Reyes. Fue un día increíble para mí, algunos estaban aprendiendo a andar, era gracioso, hubo varios llantos, me enaltecía hacer coleada, también, esa tarde me regaló mis primeros intentos para hacer willy. Yo fui feliz muchas veces, no sé por qué la mente no me lo recuerda más seguido.



