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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 15/may/2022 de La Auténtica Defensa.

Homenaje a una querida amiga
Por Marisa Mansilla




El sábado 7 de mayo falleció en el Hospital Italiano de Bs. As. Ana Graciela Glombovsky Katz, una muy querida amiga.

Sus hijos con sus familias, hijos, nietos, bisnietos, sobrinos, sus amigos y todos los que de alguna manera fuimos formando durante su vida una rica y nutricia red de vínculos que, debido a la calidez y el afecto con que éramos recibidos en su casa, nos permitió sentir algo así como que también formábamos parte de lo que podría llamarse la "familia extendida" de la ya numerosa familia de Graciela, el pasado domingo y el lunes, ya en Campana, estuvimos juntos, despidiéndonos de ella y atravesados por el dolor.

No sé por qué viene a mi cabeza esa imagen de "Los heraldos negros" de César Vallejo que habla precisamente de los "golpes de la vida" que precisamente esos heraldos negros vienen a descargar sobre nosotros marcándonos con atroz violencia. No sé si todos los que estuvimos allí en su velatorio pudimos recrear mentalmente esa imagen tan impactante de Vallejo, pero estoy segura de que así nos sentimos, muy golpeados por esta pérdida.

Graciela ahora descansa ya sin sufrimientos junto a Ernesto, su esposo.

Durante el sepelio, Patricia, la segunda de sus hijos, leyó algo escrito por Cecilia Drimer, su propia hija y por lo tanto nieta de Graciela: "A la abuela Graciela le gustaba la vida, le gustaba el amor, el sexo, la comida, los perros en el patio, su marido y sus 5 hijos, sus 10 nietos y 5 bisnietos, sus amigas, el grupo de lectura, viajar con los jubilados, su hermana Susi, su hermano Luisito, la casa grande, las cosas de siempre, el patio, regar el pasto, cuidar las plantas, opinar de todo, ir al Comité, los veranos en Punta del Este con su mamá y Graciela, los fines de semana con asado, familias, las visitas de Miguel y Silvi, el chocolate, la sopa de bolitas, la heladera abarrotada, las cosas como son, sin vueltas. Bailar y escuchar música. Yoga. Mi mamá hoy se acordó de unos poemas que ella recitaba. Estudió ingeniería química y decidió dedicar su vida a acompañar a su marido y criar a sus hijos. Y le hubiera encantado hacer aparte algo más por ella, aunque no se arrepentía de su decisión. Le pesó la soledad, lo extrañó al abuelo. La acompañaron y acompañamos mucho. Yo siempre le tuve miedo a la soledad y hoy me quedé un poquito más sola porque se murió mi abuela. Me invade la tristeza y también el alivio. Hoy dimos vuelta una página y empieza una vida distinta. O continúa la vida, el ciclo para adelante. De frente. Hoy elijo creer en que te cansaste y llegó tu momento de irte a encontrar con el abuelo y serán esas dos estrellas brillantes que vieron mis viejos la otra madrugada. Te quiero mucho Abue, que descanses en paz.

Su hija Débora, por su parte leyó un texto de su hermana Silvina: "Me acuerdo cuando mi mamá recitaba "el vendedor de naranjas" de Juana de Ibarbourou, allá en los años ’60… Digo que me recitaba porque me lo decía para mí, regalo tan preciado. Ella quizás de 36 años, yo de 10 y ya poeta. Ella lo recitaba tan lindo… Yo le pedía que lo volviera a hacer. Tal vez era su tonito del noreste, tal vez esa imagen tan extraña, esos brazos cetrinos, que nunca volví a escuchar. Tal vez mi primera experiencia de imaginarme el olor a naranjas, que sigo adorando. Y a mí, también lejos llevóme la vida. Y este perfume de hace mucho incrustrado en mi mente para siempre (la pandemia me robó la habilidad de poder oler). Y cuando el olor a naranjas me invade y me sorprende, cierro los ojos, la escucho a mamá, con esa dicción tan clara, y yo también sé lo que es la palabra "nostalgia".

Luis Fernando, el primero de sus hijos, recitó el "Kadish" en su lengua original, el arameo antiguo. Es una plegaria fúnebre de hondo sentido religioso en que la figura de un deudo doliente despide al familiar fallecido en un acto de alcance público que es el sepelio y del que participan otros deudos; en este caso y sobrecogido por la emoción, el hijo a su madre. Alabando a Dios como único creador del Universo y el misterio de la vida y la muerte, desea la consolación para quienes han perdido al ser querido y también para Dios, que también se conduele por la muerte de uno de los hijos a quien previamente ha dado a la vida.

El abrazo de Luis, Patricia, Silvina tan cerca y nunca lejos, Débora y Miguel y luego el de ellos con los amigos que allí estuvimos no tuvo el desamparo de la orfandad, porque entre los brazos de todos se sentía el calor que siempre tuvieron los brazos de Graciela.

Yo conocí a Graciela cuando tenía 16 años y empezamos a preparar con nuestros compañeros del secundario el tradicional viaje de egresados a Bariloche. La casa de Graciela y Ernesto se abrió para recibirnos a todos y nos ayudaron a organizarnos.

Su casa siempre fue amplia, cálida, espacio de reuniones, de alegría, de bullicio jovial, de libros, de música, de arte. Allí fuimos festejando cumpleaños, tomamos el té, almorzamos en su parque que era algo así como sentarse a descansar del mundo en ese acotado "jardín de las delicias", cenamos y dilatamos conversaciones imperdibles y hasta participamos de algunas festividades judías y así como recuerdo a su casa, recuerdo también a Graciela que la construyó con manos sabias y una creatividad vitalista deslumbrante. Graciela no parecía ser una mamá tradicional, para lo que eran las mamás de los 60/70, ni tener la rigidez, severidad o la pacatería absurda de aquellos años. Tenía un humor muy inteligente y era divertida. La amplitud de su mirada, su libertad y lucidez la hacían increíble y admirable.

La vida fue siguiendo su curso pero siempre hubo amistad entre nosotras y sus hijos porque siempre pudimos ir prolongándola y enriqueciéndola.

Hace ya varios años Graciela se incorporó al taller de lecturas críticas "Álgebra y Fuego" y se sumó a todas las que compartimos lecturas de literatura, sesiones de cine, funciones teatrales, paseos y fue querida también por todas, que a veces en tropel también invadimos su casa.

Graciela fue siempre para todas amplitud y profundidad en el análisis y mirada extendida, inteligencia, calidez y humor.

¿Cómo no acompañarte hasta el final Graciela?

Hoy sumo mi voz de amiga a las voces de tu familia porque también me duele tu partida y porque también siento la necesidad de ofrecerte un humilde homenaje.






 
P U B L I C I D A D






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