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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 30/abr/2022 de La Auténtica Defensa.

Tuberculosis, lepra y gonorrea, enfermedades infecciosas con altas tasas de resistencia a los antibióticos




La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró que la resistencia a los antimicrobianos es una de las 10 principales amenazas de salud pública a las que se enfrenta la humanidad. Y no es una exageración, sino una realidad de grandes dimensiones.

No solo pone en riesgo la vida, sino que "además de muerte y discapacidad, la prolongación de las enfermedades se traduce en estancias hospitalarias más largas, la necesidad de medicamentos más caros y dificultades financieras para las personas afectadas", ha indicado la OMS.

Para entender esa dimensión, basta mirar de manera aleatoria tres enfermedades: tuberculosis, lepra y gonorrea, aparentemente muy disímiles entre ellas, pero que tienen bastantes cosas en común, como el hecho de ser muy antiguas, transmisibles, eje de discriminación y estigmatización y que, si bien son curables con tratamiento antibiótico, hoy se enmarcan dentro de esa preocupación por la salud pública a nivel global.

Tanto la lepra, producida por la bacteria Mycobacterium leprae y conocida como bacilo de Hansen, en honor al científico noruego Gerhard Armauer Hansen, quien la describió en 1873; como la tuberculosis, causada por la bacteria Mycobacterium tuberculosis o bacilo de Koch, descubierta en 1882 por el médico y microbiólogo alemán Robert Koch, o la gonorrea, cuyo descubrimiento de la bacteria causante se debe al médico alemán Albert Ludwig Sigesmund Neisser, en 1879, y que recibe el nombre de Neisseria gonorrhoeae en su honor, tienen altas tasas de resistencia a los antibióticos, y su tratamiento se hace cada vez más difícil.

En el documento ´Estimaciones mundiales y regionales de la prevalencia e incidencia de cuatro infecciones de transmisión sexual curables´, incluido en el Boletín de la OMS en línea (2019), para socializar más la información y llamar atención sobre el tema, se indica que "entre los más de 30 virus, bacterias y parásitos que se sabe se transmiten por contacto sexual, ocho se han vinculado a la máxima incidencia de enfermedades de transmisión sexual. De esas ocho infecciones, cuatro son actualmente curables: sífilis, gonorrea, clamidiasis y tricomoniasis".

En el caso de la gonorrea, esta se considera la segunda ITS causada por bacterias más frecuente en el mundo y entre todas las ITS, la más resistente a los antibióticos, lo que "representa una amenaza creciente para la salud mundial y, en último término, podrían hacer que fuera imposible tratarla".

Su resistencia a los antibióticos de primera línea ha aumentado rápidamente en los últimos años y ha limitado las opciones de tratamiento para quienes la contraen por alguna de sus distintas vías de contagio, como las relaciones sexuales vaginales, anales y orales sin protección

"El desarrollo de una menor sensibilidad de la gonorrea a la opción terapéutica de ´última línea´ (cefalosporinas orales e inyectables), junto con la resistencia a los antimicrobianos revelada anteriormente con respecto a las penicilinas, sulfamidas, tetraciclinas, quinolonas y macrólidos, convierten a la gonorrea en un organismo polifarmacorresistente", dice la OMS.

Lepra, a un paso de la gravedad

Esta enfermedad infecciosa crónica, que puede presentar síntomas entre un año y 20 años después del contagio; que suele afectar la piel, pero también los nervios periféricos, las mucosas de las vías respiratorias altas y los ojos. Sin embargo, solo en 2017, se registraron 211.000 nuevos casos en el mundo y algunos de ellos progresaron llevando a los pacientes a diversos grados de discapacidad y deformidad.

La alta tasa de resistencia a los medicamentos para tratarla es una de las causas para que se llegue a las complicaciones, y su forma de transmisión (a través de las gotitas que se expulsan de la boca o la nariz, por medio de contactos cercanos y frecuentes con personas que no han recibido tratamiento) explica por qué no ha sido posible ´un mundo sin lepra´, como consigna la Estrategia mundial para la lepra 2016-2020, de la OMS.

En 1940 se desarrolló un medicamento esperanzador para curarla, pero veinte años después la resistencia a este era alarmante; luego surgirían otros que ampliaron el portafolio terapéutico, pero también poco a poco se han desarrollado resistencias por parte de la bacteria que la causa, lo que limita un tratamiento que de por sí es gratuito para los pacientes. No obstante, en los últimos 20 años se han tratado con el tratamiento multimedidamentoso (TMM), que combina tres opciones terapéuticas de primera línea (dapsona, rifampicina y clofazimina) más de 16 millones de pacientes con lepra.

El reto actual es fortalecer los programas de buen uso y manejo de los medicamentos, seguir brindando el tratamiento oportuno a los pacientes con miras a evitar comoplicaciones o secuelas progresivas y permanentes, como la limitación de la movilidad en las extremidades, la ceguera y hasta mutilaciones.



 
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