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» Este artículo corresponde a la Edición del sábado, 02/abr/2022 de La Auténtica Defensa.

Veterano de Malvinas:
El vaso medio lleno de Daniel




Daniel Cepeda formó parte de la única sección del Ejército Argentino que desembarcó en las islas el 2 de abril de 1982. "La verdad es que no pensás en la muerte. Le exigís a tu mente y a tu cuerpo seguir adelante", señala sobre su experiencia en la guerra.

De la mano del Banco Provincia, Daniel Cepeda llegó a Campana en septiembre del año 2000 y desde entonces es nuestro vecino. Aquí conoció a la profesora Micaela Messa, se casaron y tuvieron dos hijos: Matteo y Marco. Hasta aquí, nada relevante que justifique una entrevista, si no fuese porque se cumple un nuevo aniversario del desembarco en Puerto Argentino y Daniel, soldado clase 1963, estuvo ahí, aquel 2 de abril de 1982.

Durante el transcurso del conflicto, Daniel desarrolló el tristemente célebre "pie de trinchera" y sufrió la amputación de todos los dedos de ambos pies, y también de parte de los metatarsos: algo así como la mitad de los empeines.

Por supuesto, 40 años después esta condición le incomoda pero no se victimiza. De hecho, merced a prótesis de silicona que tiene que reemplazar cada tanto por el desgaste, hasta puede jugar al fútbol con sus amigos, y lo hace una vez por semana.

"Yo soy de Bell Ville, Córdoba. Nací en una familia de clase media baja, sin mayores aspiraciones… lo que quiero decir es que hoy, muy posiblemente, sería albañil, trabajando de changa en changa o algo así. Obviamente, no le deseo a nadie tener que ir a la guerra, pero en mi caso, la verdad es que Malvinas me cambió la cabeza y, claramente, mi destino", dice y nos quedamos pensando en la ciudad de origen del cordobés: "Bell" significa "Campana", en inglés.

El 2 de febrero de 1982, Daniel se presentó a cumplir con el Servicio Militar Obligatorio en el Regimiento de Infantería 25 de Sarmiento, provincia de Chubut, a casi 150 kilómetros de Comodoro Rivadavia. Dos meses después, formaba parte de la única sección del Ejército Argentino que desembarcó aquel 2 de Abril, el resto de los hombres eran de la Marina.

Fue la madrugada del 21 de mayo que Daniel entraría en combate, durante la batalla de San Carlos: el primer enfrentamiento terrestre de la guerra. La flota británica sufrió graves pérdidas a manos de los aviones argentinos, pero estableció la cabeza de playa.

El grupo de Daniel se encontraba apostado sobre un promontorio y desde ese punto panorámico tenía como principal objetivo dar una alerta temprana del eventual desembarco. Las comunicaciones por radio delataron su posición: La lluvia de balas trazantes y los primeros bombazos no tardaron en llegar… Dos esquirlas impactaron en su mochila. El resto, fue una escalofriante retirada.

Apagaron la radio y comenzaron a bajar. "Nos perdieron de vista y nos dejaron de tirar. Ya era de mañana y salieron a buscarnos con helicópteros. Entre un promontorio y otro pasaba un curso de agua que cruzamos. Nos escondimos debajo de una saliente natural, formada por la erosión del agua cuando subía el cauce por el deshielo… Los helicópteros bajaron y se quedaron un rato, interminable, con los tiradores sobre las puertas. Nosotros les veíamos las caras, pero no nos descubrieron y al tiempo se fueron".

Continuaron la marcha y llegaron a un campo de altos pajonales entre los que podrían esconderse hasta que llegara la noche. "Llegó una patrulla y eran como 30. Yo llegué a tener a uno de ellos a menos de 15 metros. Apoyó un pie en el alambrado y comenzó a fumar. Lo escuchaba hablar con alguien más. Era el atardecer y al tiempo se retiraron. Nosotros éramos 11 y nos orientábamos con la brújula que tenía el Sub Teniente Reyes. El plan era marchar de noche y así llegar a Puerto Argentino".

El 25 de mayo, bajo la lluvia, cruzaron una ría. "Ahí nos terminamos de congelar", dice y explica que hicieron base detrás de una gran roca que los protegía de la intemperie. La entrada la taparon con pasto y ramas. "Al día siguiente, me saco los borceguíes… los pies se me hincharon y no me los pude volver a poner más, no podía caminar". Otros dos compañeros estaban igual. Los tres quedaron en el lugar, con la promesa de que los volverían a buscar.

El helicóptero británico llegó el 11 de junio. Hacía 3 días que no comían y volaban de fiebre. Daniel se había incorporado al Ejército con 65 kilos, ahora sólo pesaba 46. "La verdad es que no pensás en la muerte. Le exigís a tu mente y a tu cuerpo seguir adelante… no nos sentíamos pibes, porque no nos trataban como pibes. Te hacías hombre, o te hacías hombre. Yo tuve muy buenos jefes: nos llevaron hasta allá, y nos sacaron de allá".

Luego de un paso por un hospital de campaña, lo llevaron al buque hospital Uganda "Un lujo: hasta nos dieron un menú en Inglés y en Español. Pero por mi estado, sólo podía ingerir líquidos", dice con una sonrisa. En la cama de al lado había un gurkha. Con señas, Daniel le pidió un cigarrillo, y el nepalés que casi no podía moverse, con un ademán le dio a entender que se quedara con el resto del paquete.

Al tiempo, en helicóptero, lo trasladaron hasta el ARA Bahía Paraíso. El 14 de junio, hicieron tierra en Puerto Quilla, Santa Cruz. Luego, en avión a Bahía Blanca, para finalizar en el Hospital Naval de Punta Alta. "Cuando llegamos, estaban mirando el mundial y ahí nos enteramos que nos habíamos rendido… Ese día a Hugo le amputaron un pie entero, y la otra pierna hasta debajo de la rodilla. Y a Carlos, los diez dedos de los pies. Al otro día me tocó a mí. Me explicaron que me iban a sacar lo menos posible, y había que esperar a que la gangrena no avanzara. 15 días después, me cocieron".

Daniel dice que estaba angustiado, pero no deprimido: "Una kinesióloga cordobesa me dijo que tenía que ir al gimnasio para empezar a volver a caminar. Le dije que no podía caminar… y me tiró una jarra de agua arriba de la cama (ríe). En el gimnasio me pusieron en medio de dos barras paralelas y cuando vi que iba a volver a caminar, se me fue la angustia".

Ya internado en el Hospital Militar de Buenos Aires, supo de gestos solidarios para con los ex combatientes, entre ellos los de la célebre millonaria Amalita Lacroze de Fortabat (1921-2012): "Nos enviaba básicamente comida, e instaló una televisión en todas las habitaciones. Y un día mandó a una asistente para preguntarnos qué queríamos… yo sólo pedí un radiograbador y una campera. Después, supe que otro pidió un taxi, y otro más un camión volcador. ¡Y se los dio!".

Fue en esos días de internación que conoció a Arturo Alejandrini, quien trabajaba en la obra social del Banco Provincia y en la semana juntaba donaciones para los ex combatientes internados. "Nos visitaba los fines de semana y repartía caramelos, galletitas, cigarrillos… Quería ligar, y le expliqué que yo también era veterano. Me pidió disculpas, y me dijo que por mi cara pensó que yo tenía 15 años. Así empezamos a charlar y nos hicimos amigos. Cuando me estaban por dar el alta, me dijo si no quería trabajar en el banco. Le dije que sí, pero que no entendía de qué le podía servir yo a un banco… A mí ya me habían dado la baja, y Arturo me mandó un telegrama a Córdoba. Me recibió en su casa en diciembre, y el 6 de enero de 1983 entre al Banco Provincia como ordenanza".

En el banco, Daniel encontró un mundo desconocido y totalmente ajeno a su vida anterior. "Trabajando, terminé el secundario y comencé a ascender". Daniel hizo, literalmente, un carrerón y se jubiló acá en Campana, como Sub Gerente Operativo en 2013… "Luego de todo lo que me pasó, creo que hay que vivir el día a día, aceptar lo que viene sin bajar los brazos, pero siempre teniendo un proyecto. Cuando me invitan a dar charlas en los colegios, a los chicos les digo siempre que no dejen de estudiar y que pongan lo mejor puedan, porque estudiar los va a hacer libres. Sin proyecto de vida, la vida no tiene sentido. Después, las metas llegan o no, lo importante es tener un proyecto y siempre poner en la balanza lo que tenés a favor, el vaso medio lleno le dicen", concluye con una sonrisa.


“Lo importante es tener un proyecto y siempre poner en la balanza lo que tenés a favor", señala Daniel.


“Malvinas me cambió la cabeza y, claramente, mi destino", asegura el veterano.

 
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