Uno de los temas más apasionantes para analizar y entender cómo funcionan las organizaciones es la seguridad psicológica, un concepto que hace un tiempo ni siquiera se mencionaba, pero que en los últimos años ha demostrado ser un factor clave de los equipos exitosos. Pero no solo eso: a la luz del nuevo contexto pandémico y las modalidades de trabajo a distancia que se impusieron, el tema adquiere una renovada importancia y se convierte en uno de los ejes estratégicos a abordar en el ámbito empresarial.
Una de las referentes que más ha profundizado sobre este tema es Amy C. Edmondson, especialista de la Universidad de Harvard que en su libro The fearless organization describe la seguridad psicológica como un marco en el que las personas están cómodas expresándose y siendo ellas mismas. Esto implica saber que uno no será ni castigado ni humillado por expresar sus ideas, preguntas, inquietudes o por alertar sobre los errores que observa.
Según Edmondson, tener en cuenta la seguridad psicológica es importante por varias razones. Una de ellas es que es muy difícil para las personas hacer su mejor trabajo cuando tienen miedo. Una cultura de seguridad psicológica permite a los empleados participar, asumir riesgos, experimentar sin temor al fracaso o las represalias. Comparemos este tipo de cultura con otra en la que los empleados se sienten intimidados para hablar o compartir una nueva idea. Es difícil imaginar que en ese segundo escenario puedan permitirse estar comprometidos con el trabajo.
La seguridad psicológica genera una serie de consecuencias positivas, beneficios que alcanzan, no sólo a las organizaciones, sino a cada uno de los colaboradores. Por un lado, contribuye a la generación de ideas para la innovación: todos quieren aportar porque saben que lo que digan no les generará un problema sino que, por el contrario, será valorado. Por otro lado, facilita la auténtica diversidad e inclusión, centrales en una organización sana y vital. Nadie es marginado y entonces puede presentarse tal como es; aportar su singularidad al equipo.
Además, la seguridad psicológica ayuda a prevenir fraudes, debido a que los colaboradores se sienten impulsados a señalar los riesgos que visualizan de forma inmediata. Al mismo tiempo, la seguridad psicológica contribuye al desarrollo de cada colaborador, ya que todos los integrantes del equipo aprenden permanentemente, al poder transmitir libremente ideas e incorporar otras. Asimismo, asumen riesgos inteligentemente, uno de los aspectos que más se está impulsando hoy en las organizaciones: generar una cultura en la que se tomen riesgos sin temor a la equivocación, aun cuando equivocarse es una posibilidad.
Fuente: Infobae.



