La inflación de 4,7% en febrero fue la más alta para ese mes en la serie histórica que empieza en 1992. En marzo del año pasado nos habíamos llevado un susto similar con la mayor inflación de la serie pero entonces primaba el factor estacional (subas en educación e indumentaria que habían traspasado los límites). La dinámica actual es más parecida a la que enfrentó el segundo mandato de CFK, tironeada por el precio de los alimentos procesados y frescos de la mano de una suba internacional que, en este período, va además acompañada por el aumento de los combustibles; un factor clave pero que no valió la mención en palabras de Alberto.
La estacionalidad en marzo pasado supuso un pico a partir del cual la inflación empezó a bajar lentamente y con algunos sobresaltos (en septiembre y octubre, con las remarcaciones en prendas de vestir y la reapertura del rubro gastronómico). No está claro que este año la trayectoria sea similar si la guerra se prolonga unos meses.
La suba de dos puntos en las retenciones al aceite y harina de soja, cuya recaudación será de afectación específica para la producción local de harina y pan a través de la constitución del Fondo Estabilizador (Temporal) del Trigo (que refuerza al existente, donde aportan los exportadores del cereal), es una versión mejorada de las políticas del kirchnerismo para atacar la inflación en alimentos. El fideicomiso será administrado por la Secretaria de Comercio Interior. La concentración en la exportación (donde 9 de las principales 11 compañías explican el 95% de las ventas), molienda y elaboración de productos a base de trigo debería facilitar al gobierno el monitoreo de los acuerdos de precios pero la clave es la cantidad de producción que se incorpora al fideicomiso, al ser poco representativa menoscaba la efectividad de la política.
Lo mismo ocurre con la cantidad de toneladas de carne que los principales consorcios ganaderos se comprometen a entregar a Precios Cuidados, aún pese a representar menos de un décimo del consumo mensual de carne en Argentina el Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (que detentan el 90% de las exportaciones cárnicas y el 35% de la faena nacional) amenazó con incumplir el acuerdo. Dejando en claro en realidad que no aceptarían una ampliación del programa. Desde el Ministerio de Agricultura respondieron con la posibilidad de cerrar cupos de exportación o aplicar la Ley de Abastecimiento (algo que también recordó el presidente en su discurso del viernes) si no se acataba lo convenido.
Pero por ejemplo la semana anterior el mismo Ministerio de Agricultura amplió en 2 millones de toneladas el cupo de exportación de trigo. La cosecha de trigo ya está en su mayoría vendida, los interrogantes surgen respecto del maíz -que comenzará a venderse a España que se cubre de futuros faltantes provenientes de Ucrania- y el aumento en su cotización que impacta directamente en los costos del sector ganadero.
En el caso de los grandes consorcios trasna-cionales, el costo financiero (dolarizado) y los combustibles (también dolarizados y actualmente con una dinámica alcista, como mencionábamos arriba) son los más relevantes. Si además el principal insumo importado también sube de valor, se agrava el panorama. Por eso es importante, por un lado, que el gobierno cuente con las divisas necesarias para continuar subsidiando el abastecimiento energético del sector productivo y residencial: esta semana circuló una carta que el Secretario de Energía, Darío Martínez, hizo llegar al Ministro de Economía demandando mayor presupuesto para hacer frente a las importación de gasoil y GNL bajo el nuevo esquema de precios y ante posibles faltantes el mes próximo. Estimamos que el Ministro está aguardo el desembolso de los frescos DEGs para atender aquel pedido.
Por otro lado, un segundo factor relevante para el éxito de este programa anti-inflacionario (?) es la estabilidad cambiaria. Obviamente. Y el presidente se refirió a ella repitiendo varias veces las bondades que emanarían del acuerdo con el Fondo: más DEGs, más reservas, estabilidad cambiaria. El aval legislativo que se concretó la semana pasada en el Senado y la firma del pre-acuerdo con el FMI no concedieron al gobierno las fuerzas esperadas para relanzar su gestión. La nueva apuesta es ganarle a la inflación: una variación de precios del orden del 60% este año podría anotarse como un triunfo.



