El tandilense cayó 6-1 y 6-3 con Delbonis y aunque no certificó su retiro, colgó su vincha característica de la red del BALTC. "Lo que viví hoy es algo único. Si hoy fue la última vez, me voy feliz", explicó entre lágrimas y repleto de cariño.
En la era de Roger Federer, Rafael Nadal y Novak Djokovic no fueron pocos los grandes tenistas que se retiraron prácticamente con las manos vacías en cuanto a conquistas de jerarquía. No es el caso de Juan Martín Del Potro, quien logró levantar el US Open 2009 (justamente ante el Big 3, que completó las llaves semifinales de ese major), colgarse dos medallas olímpicas (bronce en Londres 2012 y plata en Rio 2016) y conducir en 2016 a Argentina hacia la (entonces) esquiva Copa Davis.
Así, el tandilense, que siempre debió lidiar con múltiples problemas físicos que limitaron sus oportunidades de llegar al Nº 1 del ranking mundial, se ganó el corazón del público de nuestro país y el mundo. Y eso quedó refrendado ayer en el court central del Buenos Aires Lawn Tennis Club, donde "Delpo" se dio el gusto de bañarse en el cariño de la gente antes de colgar (¿para siempre?) su vincha característica en la red de "La Catedral".
Previamente cayó 6-1 y 6-3 ante su amigo Federico Delbonis, aquel que cerró la gesta de 2016 en Zagreb y que tuvo la difícil tarea de ser el parteneire de Juan Martín en esta despedida con demasiado sabor a retiro, palabra que Del Potro (33 años) evitó en cada respuesta, más allá que la dejó implícita en cada una de sus sentencias.
"Es un momento que no quería que llegue nunca. No era lo que yo quería. La salud me lleva a tener que tomar una decisión poco convencido. Hice demasiado esfuerzo en estos dos años y medio para poder remontar y cumplir otro milagro. A veces también puedo perder y no tener esa fuerza para salir adelante. Siento un poco eso. Lo di todo", marcó ante las miles de personas que se hicieron presentes anoche en el BALTC.
El tandilense comentó que logró mucho más de lo que soñó y que la única "espina" que le queda es no haber llegado al Nº 1 del mundo. Sin embargo, afirmó que lo más importante que ganó en el tenis es "el cariño de la gente".
"Di todo hasta el último punto. Hoy deseo poder dormir sin dolor en la pierna después de dos años. Es lo que voy a tratar de lograr a partir de mañana. Es muy difícil hacer este deporte con las molestias que tengo. Hoy siento que tengo toda la vida por delante. Quiero vivir en paz", cerró Delpo, todavía sobre el polvo de ladrillo y recibiendo, desde la tribuna, la aprobación de esas palabras de parte de su madre, quien asistió por primera vez a un partido suyo.
Posteriormente, en conferencia de prensa, ya más relajado, siguió evitando la palabra "retiro" en sus respuestas: "Lo que viví hoy es algo único. Si hoy fue la última vez, me voy feliz", aseguró. "(Pero esto) Es un punto y aparte. A partir de ahora, el tenis queda a un costado hasta que pueda mejorar mi pierna. Ahora vuelvo a retomar el camino de la rodilla. No va a ser con el tenis. No va a ser compatible, vengo sufriendo demasiado. Tengo que mejorar mi pierna porque me cuesta vivir", explicó con crudeza quien volvió a jugar oficialmente después de dos años y medio sin hacerlo y quien, muy probablemente, ya nunca más vuelva siquiera a intentarlo. Aunque nos duela a todos.
“Es un momento que no quería que llegue nunca. No era lo que yo quería. La salud me lleva a tener que tomar una decisión poco convencido", señaló.
AVANZÓ BÁEZ
Ayer se completó la primera ronda del Argentina Open, el ATP 250 que se disputa en el Buenos Aires Lawn Tennis Club. Y además de Federico Delbonis, el otro argentino que avanzó a Octavos de Final fue Sebastián Báez, que superó 7-6 y 6-3 al danés Holger Rune. En cambio, perdieron Juan Ignacio Londero y Tomás Etcheverry. Así, entre miércoles y jueves habrá cinco locales buscando el pase a Cuartos de Final. Hoy lo intentarán Báez (choca con el italiano Lorenzo Sonego) y Federico Coria (juega ante Dusan Lajovic). Y mañana será el turno de Diego Schwartzman, Francisco Cerúndolo y Delbonis.



