En las recientes elecciones PASO de hace menos de dos meses los ciudadanos le dijeron al gobierno de manera contundente que debía respetar lo prometido en la campaña electoral de 2019.
En este sentido el poder ejecutivo comprendió más tarde que temprano la imposibilidad de lograr mediante el diálogo que los grupos concentrados de la economía resignen una parte de sus enormes ganancias en favor del resto de la población, especialmente de los más necesitados.
Lo mismo está sucediendo con la demorada negociación con el FMI cuya dureza es evidente sobre todo en la pretensión de imponernos un plan económico que les garantice el cobro sin importarle las terribles consecuencias sociales para millones de argentinos verdaderos convidados de piedra que como siempre pagan los platos rotos de las fiestas de otros.
Una de las poquísimas cosas ciertas que el ex-presidente Mauricio Macri y su sector político repite sin cesar es que con el FMI ellos llegarían a un acuerdo en muy poco tiempo. Lo que no aclaran es que repetirían lo que hicieron con los fondos buitres no bien se instalaron en el gobierno en 2015: les dieron absolutamente todo lo que le pedían, total lo pagaron todos los argentinos, lo mismo que ahora piensan hacer con la deuda.
Recordemos que aquel pago a los fondos buitres les permitió comenzar un nuevo ciclo de endeudamiento que nos dejó con más de cien mil millones de dólares de deuda sumando bonistas privados y FMI.
El gobierno necesitó del tremendo cachetazo electoral para comprender que para lograr lo que se había comprometido con sus votantes el estado debía imponer límites razonables a la voracidad de las élites económicas sabiendo que se encontraría con una enconada resistencia por parte de quienes se creen dueños del futuro de los argentinos.
Pero cómo siempre se dijo: para hacer una tortilla es necesario romper algunos huevos.
Cómo sucede normalmente la respuesta de los poderosos es desmesurada respecto a lo que han tenido que resignar que en realidad es bien poco y esta desmesura se aprecia en los medios dominantes que obran de cadena nacional de los mercados para quienes la historia argentina comienza con la pandemia.
¿Será que muchos ciudadanos ya se han olvidado lo que tuvimos que soportar hace escasos tres años?
Para entender el carácter subalterno de los medios y los partidos de derecha basta recordar cuando Macri se refería a que debían seguir los deseos del "círculo rojo" que no es otra cosa que los poderes permanentes a los que habría que sumar a la Embajada de los Estados Unidos.
Para que no queden dudas sobre la ineficacia del "buenismo" Estados Unidos designó como embajador en nuestro país al texano Marc Stanley quien declaró que la Argentina es un "hermoso autobús turístico al que no le andan las ruedas". Quizás a algunos les recuerda al también embajador yanqui Spruille Braden, aquel de "Braden o Perón" de 1946.
Cómo se ve hay algunas cosas que no cambian por más que pasen los años. Entre esas cosas está la desigual distribución de la riqueza generada por todos y la incapacidad del "buenismo" para mejorar esa distribución.
Si de verdad el gobierno está dispuesto a mejorar la distribución de la riqueza y no permite que se repita lo sucedido con Vicentin cuando como dicen en el barrio "reculó en chancletas" con las nefastas consecuencias de una quiebra fraudulenta como finalmente sucedió necesitará para lograrlo de un enorme poder político que deberá construir empoderando al pueblo.



