"Obedecer" viene del latín y significa "saber escuchar". Los mandamientos no son para ser cumplidos como una obligación, sino más bien para ser comprendidos y disfrutados, alcanzando así la paz con uno mismo y con los demás, generación tras generación.
En este trigésimo primer domingo del Tiempo Ordinario corresponde la lectura del Evangelio de San Marcos, Capítulo 12, versículos de 28 al 34: "Uno de los maestros de la ley que había escuchado toda la discusión, al ver lo bien que Jesús les había respondido, se acercó a él y le preguntó: - ¿Cuál es el primero de todos los mandamientos? 29 Jesús le contestó: - El primero es: Escucha, Israel: el Señor, nuestro Dios, es el único Señor. 30 Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu inteligencia y con todas tus fuerzas. 31 Y el segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay ningún mandamiento mayor que estos. 32 El maestro de la ley contestó a Jesús: - ¡Muy bien, Maestro! Es cierto lo que dices: Dios es único y no hay otro fuera de él. 33 Y amar a Dios con todo nuestro corazón, con todo nuestro entendimiento y con todas nuestras fuerzas, y amar al prójimo como a uno mismo, vale más que todos los holocaustos y sacrificios. 34 Jesús entonces, viendo que había contestado con sabiduría, le dijo: -Tú no estás lejos del reino de Dios. Después de esto, ya nadie se atrevió a hacerle más preguntas".
"La síntesis de nuestra religión es reconocer a Dios como nuestro único Señor. Al primer mandamiento de la ley, Amar a Dios por sobre todas las cosas, Jesús añade el concepto de amar al prójimo como a uno mismo. Esto es ver al prójimo con buenos ojos, promover a todo los que contribuya para su bien, tratarlo como si ese otro fuésemos nosotros mismos. Según la óptica de Jesús, el prójimo son todas las personas, sobre todo las marginadas. Amor Dios y al prójimo son dos conceptos indisolubles y, como dice la palabra de hoy, vale más que todos los holocaustos y sacrificios… es la respuesta para superar cualquier conflicto social. Ser coherente con esa palabra significa no estar lejos del reino de Dios, es decir: estar en paz con uno mismo y con los demás. Si prestan atención, verán la cita escrita sobre la torre de hormigón que sostiene las campanas de nuestra Catedral, sobre la esquina de 9 de Julio y Varela", señala el padre Rufino Giménez Fines con una sonrisa.
"Volviendo al Evangelio de hoy, y a pesar de estas sabias palabras -continúa el sacerdote Rogacionista- vemos que el conflicto de Jesús con sus contemporáneos continúa. Los adversarios del proyecto de Dios se cierran y pretenden hacer callar a Jesús entregándolo a las autoridades romanas. Su muerte y posterior resurrección demuestra que Dios sigue siendo fiel a su proyecto amando y dando vida para liberarnos en una nueva alianza que excede al pueblo judío e incluye ahora a todos los mortales. Los dos mandamientos explicitados por Jesús, el fondo son uno sólo y se resumen en un solo concepto: amar. Quien ama a Dios, ama al prójimo y nadie que ame a su prójimo ignora a Dios. El amor como una moneda con dos caras. No es fácil estar en ese lugar y además, sostenerlo. Sin embargo, nada es imposible para Dios, y que así lo sintamos en nuestro corazón. Pero para eso también tenemos que poner en juego nuestro raciocinio y voluntad. El amor, como la fe misma, también es un ejercicio y una práctica que se va perfeccionando y creciendo conforme pasa el tiempo".
"Pensemos en aquella antigua y sagrada plegaria del judaísmo: "Shemá Israel"… Escucha Israel, que unifica en Dios todas las fuerzas capacidades e intenciones de la persona que la reza con devoción. Hoy Israel somos todos, porque todos somos el pueblo de Dios. Cada miembro de la comunidad que la reza, lo hace con otros y por otros. Aun estando solo. Por tal motivo, el concepto del amor a Dios es inseparable del concepto del amor al prójimo. En este sentido, la enseñanza de Jesús no pretende modificar la fe de Israel, sino que la refuerza y la hace más exigente al explicitar concretamente su esencia. El reino de Dios puesto en la práctica, se asemeja a una gran red de relaciones fraternas que se sostienen entre sí, de generación en generación, que unificadas en un solo Dios es invencible… "Shemá Israel" también apela a la obediencia, es decir, poner en práctica eso que se nos anuncia. La palabra "obedecer" viene del latín y significa "saber escuchar". Por eso supone, como seres racionales que somos, una respuesta activa, de conciencia lúcida en nuestra conducta. Por eso, en el sentido bíblico, cumplir un mandamiento es la acción más plenamente humana y libre que podemos realizar desde la fe, eligiendo el bien que nos conviene, porque viene de Dios que, lo sabemos, es Amor", concluye el Párroco de Nuestra Señora del Carmen.



