Un joven se dirigió al sacerdote y le dice: "He estado tratando de alejarme de la lujuria, pero no estoy teniendo éxito" El ministro le responde: "Arrepiéntete verdaderamente de los errores. Ésta es la mejor manera de que te alejes del pecado".
Cuando nuestro encuentro con Dios es auténtico, reconocemos nuestros errores, pedimos perdón y nos arrepentimos. Esta decisión nos evita nuevos errores y la lujuria y, con ello, "lo fácil" ya no nos atrae. Esto no significa que no volveremos a desviarnos, sino que lo evitaremos y confiaremos en la mano amorosa del Señor para protegernos de toda tentación.
La vida pudo darnos momentos de placer pero ahora, en esta nueva etapa de nuestras vidas, nuestros placeres son diferentes.
Queremos testificar nuestra plena felicidad, queremos hacer cosas que nos alimenten y edifiquen nuestra Fe. Queremos, en definitiva, hablar con Dios y escuchar Su voz. Y así, el pecado gradualmente dejará de involucrarnos y seremos mucho más felices y más bendecidos.
Hasta que no nos arrepintamos de nuestros errores por lujuria, no podremos sentirnos libres. Cuando en nuestros corazones esto sea cierto, entonces seremos "sal de la tierra".
Claudio Valerio / © Valerius / valerius@fibertel.com.ar



