Ser solidarios, ver en el otro a un hermano y como tal estar a su servicio, es parte del camino hacia el crecimiento espiritual y la paz interior.
En este vigésimo noveno domingo del Tiempo Ordinario, corresponde la lectura del evangelio según San Marcos, Capítulo 10, versículos del 35 al 45: "Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: - Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte. 36 Jesús les preguntó: - ¿Qué quieren que haga por ustedes? 37 Le dijeron: - Concédenos que nos sentemos junto a ti en tu gloria: el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda. 38 Jesús les respondió: - No saben lo que están pidiendo. ¿Pueden ustedes beber la misma copa de amargura que yo estoy bebiendo, o ser bautizados con el mismo bautismo con que yo estoy siendo bautizado? 39 Ellos le contestaron: - ¡Sí, podemos hacerlo! Jesús les dijo: - Pues bien, beberán de la copa de amargura que yo estoy bebiendo y serán bautizados con mi propio bautismo; 40 pero que se sienten el uno a mi derecha y el otro a mi izquierda, no es cosa mía concederlo; es para quienes ha sido reservado. 41 Cuando los otros diez discípulos oyeron esto, se enfadaron con Santiago y Juan. 42 Entonces Jesús los reunió y les dijo: - Como muy bien saben ustedes, los que se tienen por gobernantes de las naciones las someten a su dominio, y los que ejercen poder sobre ellas las rigen despóticamente. 43 Pero entre ustedes no debe ser así. Antes bien, si alguno quiere ser grande, que se ponga al servicio de los demás; 44 y si alguno quiere ser principal, que se haga servidor de todos. 45 Porque así también el Hijo del hombre no ha venido para ser servido, sino para servir y dar su vida en pago de la libertad de todos".
"Una vez más -explica el padre Rufino Giménez Fines- vemos apóstoles que no terminan de comprender lo que trata explicarles Jesús, cuál es la verdadera dimensión humana. Santiago y Juan piden los más elevados puestos de honra posibles. La respuesta de Jesús es muy explícita: ustedes no saben lo que están pidiendo… Es notable, porque más adelante, en su momento final, incluso pedirá misericordia por sus propios homicidas cuando pronuncia aquellas palabras: "Padre, perdónalos, no saben lo que hacen".
"Volviendo a la palabra de hoy - agrega el sacerdote Rogacionista- Jesús nos muestra lo más profundo de la iluminación: uno se empodera realmente estando al servicio de los demás… el que quiera ser el más importante, el más grande entre todos, debe estar al servicio de los demás. Si todos comprendiéramos eso, todo el tiempo, otro sería el mundo que nos tocaría transitar. Ya lo vimos semanas atrás con la parábola del grano de mostaza: Lo primordial es sembrar amor, aunque nos parezca que no es correspondido. Nunca sabremos cuándo esa semilla va a prosperar, no importa que seamos o no testigos: hablamos de pensar en el otro, porque en algún momento ese otro seré yo, en un círculo virtuoso".
"Así como Jesús vino para servir y no para ser servido; todos en verdadera iluminación, deberíamos ser servidores unos de otros. Jesús, con la alianza nueva y eterna, nos rescató a todos con su muerte y resurrección. En aquellos tiempos, rescate era la suma de dinero para pagar la libertad de un esclavo. Jesús, nos muestra el camino para ser libres de las ataduras terrenales que nos distraen, felices por el simple pero majestuoso hecho de estar vivos. Cuando nuestra vida pasa sólo por aferrarnos a los bienes materiales o un puesto de privilegio, poco o nada queda de nuestra esencia. Algo en el mismo sentido vimos también en la palabra del domingo pasado, hablando del desapego", concluye el párroco de Nuestra Señora del Carmen.



