Aunque muchos vaticinaban una derrota del gobierno en las recientes PASO sin duda ni los ganadores ni los perdedores ni las encuestas pudieron prever la magnitud de la diferencia de votos a favor de Juntos para el Cambio.
Estas elecciones han demostrado, entre otras cosas, que la tan mentada fidelidad del voto no es tal y que la gente elige de acuerdo a cómo le está yendo en el presente sin mirar tanto al pasado y cuando está muy mal decide castigar a quienes no les mejoran su situación máxime cuando se lo habían prometido.
A esto habría que agregar que ven que no parece que sean la prioridad de este gobierno habida cuenta de la enorme ayuda que se brinda a las clases alta y media que si bien también se vieron golpeadas por la pandemia lejos están de sufrir lo que deben soportar los más humildes.
Es notable observar cómo sin esperar las elecciones generales de noviembre donde se renovará la mitad de los poderes legislativos la alianza ganadora cree que su triunfo la habilita para imponer desde ahora la política llevada a cabo durante su gobierno. Como dijo su líder Mauricio Macri "lo mismo pero más rápido".
En esta ofensiva vemos como hasta los pretendidos moderados han endurecidos sus posiciones abandonando su proclamada predisposición al diálogo y se han sumado a lo que promete ser una guerra sin cuartel para dinamitar al gobierno y tenerlo de rehén en estos dos años que le quedan de mandato.
Así vemos como para disipar dudas han logrado impedir la sanción de la ley de etiquetado frontal de alimentos que promueve una alimentación más saludable favoreciendo a la población.
Pese a lo manifestado por varios referentes de Juntos por el Cambio prevaleció el lobby de las grandes empresas alimentarias y la guerra contra el gobierno. Debemos tener en cuenta que esta no sanción también favorece a los laboratorios que nos venden los medicamentos para aliviar los efectos del consumo de esos alimentos no saludables.
Así mismo vemos como esgrimiendo la mentirosa escusa de bajar el desempleo han retomado su prédica de bajarle los impuestos a los ricos y quitarles a los trabajadores sus derechos que han logrado conquistar como fruto de tantas luchas.
Una vez más queda a la vista la permanente sumisión de Juntos para el Cambio a los grupos concentrados de la economía.
Si alguien creía que la pandemia los había hecho más buenos hoy ven que en realidad son los mismos y para colmo recargados.
En esta ofensiva es inocultable el papel que juegan los medios hegemónicos de comunicación y es por eso inexplicable que no se ponga en vigencia la Ley de Medios cuya derogación fue hecha por uno de los primeros decretos del gobierno de Mauricio Macri.
Resulta difícil de explicar cómo se aceptó que una ley se derogue por decreto lo que es a todas luces inconstitucional. Por este motivo alcanza con otro decreto para restablecer la vigencia de la ley. Es probable que no sea la solución definitiva pero es incuestionable que va en ese sentido.
Es sabido que gobierno y poder no son sinónimos y para poder enfrentar con éxito a los poderosos hace falta tener el poder necesario. Por eso se necesita empoderar al pueblo que seguramente lo acompañará en ese imprescindible enfrentamiento.
Tengamos en cuenta que fue con esa promesa que la mayoría lo votó hace ya dos años y que la pandemia se está yendo.



