De reconocido prestigio a nivel nacional, la Asociación para la Protección Integral del Discapacitado (A.P.I.D.), hoy cumple tres décadas de vida dando una respuesta integral a la persona discapacitada y a su familia.
Por si había alguna duda, los remiseros lo confirman: la institución es un verdadero hito urbano, y como tal, referencia geográfica en el entramado de la ciudad. Así, después de informar la dirección de destino es frecuente que un pasajero aclare, por si hace falta: enfrente, pasando, a dos cuadras de A.P.I.D.
Imposible que la manzana de Perón, Arenales, Capilla del Señor y Viamonte pase desapercibida: la cuidada construcción de ladrillos a la vista, con techo a dos aguas. El amplio sector verde, incluyendo una generosa huerta. Algo especial sucede ahí: no se trata de una casa más, en medio de la ciudad.
Sobre la avenida Perón, en el sector de estacionamiento, se encuentra el monolito que expresaba el sueño que hoy es una palpable realidad: "En este lugar se levantará el futuro edificio de A.P.I.D. Campana, 20 de septiembre de 1994". Pero la historia empieza bastante antes.
María Luján Modarelli, alma mater de la institución, siempre jovial y con la sonrisa a flor de piel, parece más joven de lo que aparenta. Ya suma 78 y dice haber dejado precisas instrucciones: cuando se muera quiere que sus cenizas sean esparcidas ahí, donde cristalizó su segunda vida. La primera terminó hace unos 40 años: "Pasábamos un mal momento económico… Dicen que cada uno tiene la cara que se merece. Yo me hice cargo de la mía y decidí terminar el secundario. Después de eso, me recibí de Técnica en Minoridad y Familia en la Universidad de Luján, cuando funcionaba en la Escuela 16".
Se acerca, pero eso no explica el nacimiento de A.P.I.D. La historia completa, parece un caso testigo de un libro de autoayuda, matizado con un poco de destino: "Estaba estudiando la licenciatura y, claro, yo parecía la mamá de mis compañeros. Había uno que siempre me invitaba a Baradero para que conozca la institución donde trabajaba: A.P.A.N.D. (Asociación Pro Ayuda al Niño Discapacitado). Siempre era una cita postergada, hasta que me contó que inauguraban un módulo para la tercera edad, y como parte de la inauguración, proyectarían Esperando la Carroza. Lo singular era que iba a estar "China" Zorrilla en persona. Y yo quería conocer a "China", ¡No me lo iba a perder!".
Ahí fue María Luján. No sólo conoció a "China", sino también lo que sería la inspiración y germen de A.P.I.D. en Campana. En el relato, no tiene ningún empacho en confesar que el primer motor fue una sana envidia: "Teresita Zuloaga me llevó a recorrer las instalaciones y centros que A.P.A.N.D. tenía en diferentes lugares de Baradero. Yo no salía de mi asombro. Quedamos en contacto, y al poco tiempo, le propuse comprarle su agenda y estuvo de acuerdo. Incluso en que se la pagaría cuando ya estuviese funcionando. Eso me hizo ganar mucho tiempo con los trámites".
La otra gran ayuda fue merced a la sensibilidad del ex intendente Calixto Dellepiane, quien vio la necesidad y facilitar el espacio para la primera sede: una vieja casa de la Municipalidad sobre 25 de Mayo, entre Rawson y Castelli. "Le dije a Don Calixto que si en dos años no éramos autosustentables, le devolvía la casa".
La carismática María Luján, incluso logró superar la primera inspección provincial con otra promesa que también cumplió: "Estábamos arrancando y por una cuestión de los tiempos en las obras, no llegamos a tener los baños en perfectas condiciones. Cuando llegamos a ese espacio, le dije a la chica, una psicóloga: ´Acá no podés entrar. Pero si me habilitás, te juro que cuando vuelvas no te vas a arrepentir", recuerda con otra sonrisa sobre los sucesos que tuvieron lugar en el transcurso de 1991. Por supuesto, el sector baños estuvo en condiciones para la segunda inspección provincial y, a los 2 años, A.P.I.D. era autosustentable. Sin embargo, no daba abasto a las necesidades de nuestra zona: faltaba espacio.
LA SEDE DEFINITIVA
Fue en 1994 que se puso la piedra fundamental en el terreno donado por la Municipalidad también durante la administración de Dellepiane, y merced a la "Ley del Cheque" y a una completísima carpeta presentada en Dirección Nacional de Discapacidad, se obtuvo el subsidio para la primera etapa de la obra, concretada en 1998 que incluyó el ala de administración y el comedor.
"No te puedo explicar -dice Mariela Barberis, hija mayor de María Luján y Juan Carlos- lo que la laburamos para armar el proyecto y cumplir con todos los requisitos. Era un carpetón gigante… pero no le faltaba nada". La Directora de A.P.I.D. también recuerda que eran tiempos difíciles en los que P.A.M.I. se atrasaba con los pagos y permanentemente consultaba el saldo en la cuenta bancaria: "Ya nos habíamos olvidado de la carpeta, fue un lance. Y un día consulto el saldo y había un montón de plata. Era mucho más de lo que el P.A.M.I. nos tenía que depositar y no entendía nada… así nos enteramos que el subsidio nos había sido otorgado", agrega Cecilia Barberis, integrante del staff de Administración. Fueron 6 meses de obra, con estrictas certificaciones mensuales, que habilitaban los desembolsos parciales hasta culminación.
Merced a una arquitectura diseñada a las prestaciones brindadas a personas con discapacidad y en línea con las normativas vigentes, la sede de A.P.I.D. ostenta la máxima categoría otorgada por la categorización de la Superintendencia del Servicio de Salud. Así, el Hogar propiamente dicho dispone de 24 camas para los residentes distribuidas en 6 dormitorios, mientras que el Centro de Día (que recibe a unos 75 concurrentes de toda la región quienes pernoctan en sus hogares) cuenta con 12 diferentes espacios para talleres; 2 comedores; la cocina y una cocina taller; además de un quincho, el sector de lavandería, el invernadero (para autoconsumo), casi media hectárea verde libre de mejoras.
Estas instalaciones están asociadas a la visión original de María Luján Modarelli y Juan Carlos Barberis: "Dar una respuesta integral al discapacitado y a su familia, a través del trabajo interdisciplinario de un equipo de profesionales provenientes de diversas áreas. Por eso su proyecto técnico se estructura a partir de las necesidades planteadas por la problemática específica de cada paciente, vista desde la perspectiva de los derechos del discapacitado y en aportar a su calidad de vida.
Además de talleres de plástica, cerámica, todo tipo de manualidades y música, entre otras actividades, en A.P.I.D. se fabrican diferentes bolsas de plástico para diferentes comercios y empresas de la zona; y también se preparan todo tipo de conservas, pastas, licores artesanales para la venta, e incluso por encargo se arman caterings completos para fiestas y reuniones.
Ya no, pero también se realizaban estrictos controles de calidad para terceros. Por ejemplo, la verificación del sellado de los sobrecitos de edulcorante. "Nosotros teníamos un 98% de eficiencia; mientras que Monsanto no perforaba el 80%. No lo podían creer. Un día vino la vicepresidente de la empresa para ver cómo hacíamos", recuerda María Luján.
La institución sin fines de lucro recibe diariamente a unos 75 asistentes con diferentes discapacidades. Otros 20 residen de manera permanente en el lugar. Tienen entre 18 y 65 años. A simple vista, en su mayoría no parecen adultos. "Es verdad, es difícil adivinarles la edad. Es que acá están súper cuidados y atendidos, sin preocupaciones. Siempre les buscamos qué les gusta hacer, ocupar su tiempo y que disfruten su paso por A.P.I.D. Luego de 30 años, no puedo más que agradecer a todos los que pasaron e hicieron posible haber llegado hasta acá; incluyendo a las familias que nos acompañan y nos confían la atención de sus seres queridos", concluye María Luján.
María Luján Modarelli, alma mater de la institución
LA QUINTA BEATLE
No hay manera de no asociar a A.P.I.D. con María Luján Modarelli y Juan Carlos Barberis, y sus hijas Mariela y Cecilia. Pero, puertas adentro, todos saben de Virginia Giménez (70). Ella los acompaña con el proyecto desde su génesis, cuando ni siquiera se había tramitado la Personería Jurídica de la institución. Técnica en Manualidades, Maestra en Educación Especial especializada en Adultos Mayores y en Ciegos y Disminuidos Visuales; y con una extensa trayectoria en la rama Especial de la Educación Pública de nuestra ciudad, hoy Virginia cumple el rol de Coordinadora de los Proyectos Institucionales del Centro de Día. "Siempre sentí mucho respeto hacia las personas con dificultades, mi vocación pasa por ayudar al otro. Este lugar es mi casa, de hecho creo que somos una gran familia. Son 30 años de crecimiento a nivel profesional y, sobre todo, humano", resume y confiesa que de todos los proyectos que coordina, el que más le interesa es el de la huerta. "Mirá cómo será que años atrás hice una capacitación que dictaban en la UNLU. Pueden modificar cualquier cosa, me adapto. ¡Pero a la huerta no me la toquen!", concluye con una sonrisa.
LAS TRES PATAS DE A.P.I.D.
CENTRO DE DÍA
Destinado a pacientes no residentes, favorece el desenvolvimiento activo en la vida cotidiana, facilitando así la integración plena. Atiende en abordajes diferenciados a jóvenes y adultos que por sus patologías (discapacidades moderadas y severas, epilepsias graves y autismos) no puedan ingresar a otros espacios a partir de actividades de integración y pautas de conducta en la vida diaria, laborales no productivas, socialización, expresión corporal y educación física, entre otras.
HOGAR CON CENTRO DE DÍA
Para residentes, brinda una cobertura integral a los requerimientos básicos esenciales (vivienda, alimentación, atención especializada) a personas con discapacidad sin grupo familiar propio o continente. Está dirigido a personas cuya discapacidad y nivel de autovalimiento e independencia sean medios o bajos, y requieran asistencia y protección las 24 horas.
SERVICIOS COMPLEMENTARIOS
- Servicio de Orientación Familiar, coordinado por un asistente social y un psicólogo.
- Servicio de comedor completo, con la supervisión de una nutricionista que incluye desayuno, almuerzo y merienda.
- Servicio de transporte puerta a puerta, para quienes por su patología o por no contar de medios propios de movilidad así lo requieran.



