Lamentablemente en esta campaña electoral vemos como abundan los eslóganes publicitarios y las descalificaciones personales y escasean las propuestas concretas para solucionar los acuciantes problemas que aquejan a la mayoría de la población.
Tal como es costumbre escuchamos como todos casi sin excepción hablan de la importancia de la educación para curar casi todos los males. Sin embargo no hablan de los enormes subsidios destinados a la educación privada en detrimento de la pública.
Estos dineros están destinados mayoritariamente a sectores de la sociedad que no los necesitan para que paguen cuotas más bajas.
Sorprende ver que quienes se encargaron de desfinanciar y ningunear a la educación pública hoy la defienden. Recordemos que Mauricio Macri hablaba de los que por falta de recursos caían en la escuela pública o que María Eugenia Vidal manifestaba que no había que invertir en nuevas universidades porque los pobres no llegaban a ellas,
También se insiste erróneamente en que la educación logra una disminución del nivel de desempleo cuando la experiencia ha demostrado que una empresa solamente incorpora más trabajadores cuando los necesita y que en todo caso los mejores preparados desplazarán a aquellos que no lo están tanto por lo que no aumentará el número de puestos de trabajo.
Una vez más se culpa a la víctima de su suerte. Al tradicional "no trabaja por que es vago" se agrega que el desocupado no consigue trabajo porque no ha estudiado lo suficiente por no estar dispuesto a hacer el esfuerzo necesario y en ambos casos prefieren vivir de los planes gubernamentales, son "choriplaneros".
Lo que evitan decir es que la cantidad de los denostados planes sociales tuvieron un aumento sin precedente durante el anterior gobierno implementados por intermedio de las organizaciones sociales. Si lo hacen ellos está bien pero si lo hacen otros está mal.
Lo cierto es que una educación de excelencia es un derecho irrenunciable de todos los habitantes de este suelo y que sólo el estado puede garantizarlo. Por cierto para lograrlo se requiere de toda la inversión que haga falta y el compromiso verdadero de las autoridades con la escuela pública. En este sentido deberían decir quiénes se promocionan como sus grandes defensores dónde estudian o estudiaron sus hijos para poder comprobar la veracidad de su compromiso.
Es realmente preocupante que dirigentes y candidatos de Juntos por el Cambio al no poder ocultar la descomunal magnitud de la deuda externa en dólares que dejaron utilice falsas comparaciones para tratar de hacernos creer que el actual gobierno nos endeuda en mayor medida.
Para poder realizar semejante prodigio suman los préstamos del Banco Central al Tesoro Nacional entre otras cosas sin decir que se trata de organismos del propio estado y además están nominados en pesos. Como se dice habitualmente se suman peras con manzanas. Un nuevo caso de desprecio a la inteligencia de las personas.
Demás está decir que estos movimientos se hicieron para poder paliar en alguna medida los desbastadores efectos de la pandemia y la imposibilidad de conseguir financiación externa precisamente por el calamitoso estado económico en que el anterior gobierno dejó a nuestro país.
Como saben que son indefendibles y que no pueden decir que fueron buenos, ahora se dedican a decir que el gobierno actual es peor que el anterior.
Lo que está sucediendo en Afganistán debe hacernos reflexionar acerca de las posibles consecuencias que conlleva el imponer a toda una sociedad reglas de conducta de una religión, cualquiera ésta sea, por la carga de violencia que esta imposición implica.
Tengamos presente aquello que dijo hace años Dwight Eisenhower presidente de Estados Unidos: "Cada cañón que se fabrica, cada buque de guerra que se bota, cada cohete que se lanza significa, a fin de cuentas, que se está robando a los que tienen hambre y no están siendo alimentados, este mundo armado no sólo está gastando dinero, está gastando... las esperanzas de los niños".



