Esta semana visitan Campana Aníbal Pansera y su perra Yeca, quienes recorren la Argentina en bicicleta luego de haber viajado por gran parte de Sudamérica.
Anibal tiene 42 años y es Técnico Informático y Licenciado en Administración de Empresas. Luego de trabajar 14 años para Microsoft, tomó unas vacaciones y se fue de mochilero a Tucumán. Por esas cosas del camino terminó en Pumamarca. Fue entonces que llamó a su jefe para avisarle que se iba a tomar unos días extra. "Me enganché con un grupo que iba para Machu Pichu y ya en Perú, volví a llamar a mi jefe para avisarle que no volvía más… se rió y me deseó buena suerte".
Fue subiendo por la costa del Pacífico y en el medio encontró a su compañera de viaje, "Yeca", bautizada así "porque es una perra de la calle" y ya estando en Bogotá decidió comprar una bicicleta: la perra iba creciendo y era demasiada carga para llevarla en la espalda junto a su mochila.
Luego de recorrer varios países, un terremoto los encontró en Ecuador, y fue su pasaje de vuelta a la Argentina a bordo de un Hércules de la Fuerza Aérea. Desde entonces, juntos, llevan recorridas 15 provincias argentinas.
Aníbal dice que el berretín de viajar tal vez le venga de su padre, Roberto Pansera, músico de tango con quien recorrió medio mundo. "Pero viajar así es otra cosa. Recuerdo que años atrás fui a París con una novia y mis amigos me decían: qué bueno que pudiste conocer Francia… ¡Pero si no conocí nada! Gasté una fortuna en alojamiento y en comida, para visitar un puñado de museos y un par de barrios de mierda", dice mientras acaricia a Yeca.
La charla tiene lugar en Koval, café y medialunas por medio (compartidas con su fiel compañera perruna). "Mi profesión es viajar", explica y agrega: "Cuando nos vamos de este plano no nos llevamos nada, salvo lo vivido… Voy dejando familia a donde voy: hay gente que me quiere como a uno más de sus hijos y se mantiene en contacto conmigo a través de las redes, me preguntan cuándo vamos a volver".
Durante el inicio de su nueva profesión -que hoy acumula 8 años de ejercicio- alguien le enseñó a hacer la primera pulsera. "El artesano me dijo: ya está, con esto podés empezar. No vas a ser millonario, pero nunca te va a faltar para la comida o para dormir en un hostel si hace falta. Y así fue. Cada tanto paro y tomando un mate, me pongo con las artesanías. No necesariamente las vendo: la gente escucha mi historia y me quiere ayudar, entonces muchas las regalo. La gente es muy solidaria con el viajero… No tengo apuro y destino, y la mayoría se identifica con uno. Lo que pasa es que por responsabilidades o porque no se animan no lo hace, pero creo que a la mayoría le gustaría intentarlo. Creo que si uno busca la felicidad sólo en lo material, nunca nada le va a alcanzar".
Si bien anda liviano, como todos, Roberto también tiene sueños: "Me gustaría recorrer en bicicleta el sudeste asiático. O dar la vuelta por toda la costa africana: empezar en Egipto y terminar en Egipto… pero no me desvela, el destino dirá".
El viajero dice que se quedará en la ciudad hasta el fin de semana y partirá la semana que viene, pero sin fecha ni horario definidos. Aparentemente, no irá muy lejos durante los próximos días: "Tengo ganas de arrancar un canal de cocina en mis redes: entre Luján y Zárate hay muchos hermosos rincones de fondo", dice mirando hacia la plaza Eduardo Costa con una sonrisa y toma el último sorbo de café.
"Si uno busca la felicidad sólo en lo material, nunca nada le va a alcanzar", dice Aníbal Pansera. En la foto con su compañera Yeca, una perrita que encontró en su paso por perú.



