Quinto máximo goleador de la historia del club y autor del tanto que le dio al Violeta su primera ascenso a la Primera B en 1963. Doce años después volvió a dar la vuelta olímpica con el "Holanda de la C"
Apenas un año después de la muerte del "Beto" Martínez, el pueblo Violeta perdió esta semana a otras de sus leyendas: Juan Carlos Domínguez, quien falleció el lunes, a los 77 años, en la vecina ciudad de Zárate, de donde era oriundo. Sin embargo, "Rabito" siempre fue de Villa Dálmine. Su carrera así se lo marcó desde muy joven.
Tenía apenas 20 años recién cumplidos cuando supo ganarse su lugar en la historia grande del club. Corrían los últimos días de 1963 y el equipo de nuestra ciudad peleaba mano a mano con All Boys el ascenso a la Primera B, por entonces, segunda categoría del fútbol argentino. Y cuando un duelo desempate entre ambos conjuntos ya era un hecho ineludible, la llamativa expulsión del peruano Jorge Benítez en los últimos minutos del partido de la última fecha ante Barracas Central dejó al Violeta sin su gran figura para esa final.
Para el peruano fue una "mano negra" contra Villa Dálmine. Para el DT Horacio Torello, un problema que resolvió con el ingreso del joven Domínguez para completar un ataque que también integraban Vizzo, Pavón Reyes, Garma y Puerto. La primera final se jugó el 22 de diciembre en el Viejo Gasómetro: fue 0-0. Y la segunda se disputó siete días después en el Palacio Ducó, en Parque Patricios, donde "Rabito" dejó su huella indeleble al marcar el tanto que le daría la victoria y el ascenso al Violeta.
"En la mejor jugada del partido, varios toques de primera sobre la derecha, entrada de Domínguez, rebote y el N° 9 queda solo con la pelota en la puerta del arco. Gol", escribió Héctor Vega Onesime para El Gráfico, en una página cuyo encabezado lo decía todo: "Día histórico para Campana" junto a la foto de la definición del zarateño con la inconfundible platea del estadio de Huracán de fondo.
En la página siguiente, el mismo Vega Onesime elogió el desempeño de "Rabito" junto a una foto que lo mostraba rehén de los abrazos de sus compañeros y los simpatizantes Violetas: "Hábil e inteligente para moverse sin la pelota. Importante por su facilidad para llegar. Fue la figura del partido. Hizo un gol. Le hicieron un penal (NdR: lo falló Guastavino). Jugó en todos los sectores. Fue su día de consagración. Por su gol, por su fútbol", escribió quien años después sería director de El Gráfico.
Después de ese final de ensueño de 1963, a Domínguez lo esperaba un año de mucho trajín. En la Primera B arrancó como titular y ya en la segunda fecha marcó un doblete en la victoria 2-1 sobre Deportivo Español. Sin embargo, tras esa actuación se sumaría a la Selección Sub 23 que buscaba su clasificación a los Juegos Olímpicos de Tokio 1964. Y a pesar del orgullo de compartir equipo con leyendas como Agustín Mario Cejas y Roberto Perfumo (ambos en Racing por entonces), la experiencia quedó marcada por la tragedia que presenció en el Estadio Nacional de Lima, donde el 24 de mayo, después que se le anulara un gol a Perú, se generaron una serie de incidentes que culminaron, con corridas y una estampida que chocó contra los portones de salida cerrados. El saldo: más de 300 muertes.
Lo ocurrido obligó a suspender el Torneo Preolímpico y, por ello, se le concedió la clasificación a Argentina, dado que marchaba en la primera posición del certamen. Domínguez fue parte de la cita olímpica que se desarrolló en octubre de ese 1964, pero la Selección Nacional no pudo superar la primera fase: empató 1-1 con Ghana y perdió 3-2 con Japón con dos goles de "Rabito" ante el combinado local.
Luego de esos dos años muy intensos, Domínguez siguió en Villa Dálmine hasta 1967, cuando tuvo un paso por Chacarita. Regresó a Mitre y Puccini para las siguientes tres temporadas, pero volvió a marcharse: en 1971 jugó en Deportivo Morón y entre 1972 y 1974 lo hizo en Defensores Unidos. Sin embargo, como no podía ser de otra manera, su carrera concluyó en el Violeta. Y de una forma inmejorable: aunque con escasa participación activa, "Rabito" integró el "Holanda de la C" que arrasó en la Primera C de 1975 y logró el ascenso a la Primera B. Como doce años antes, en aquel inolvidable 1963.
Así, su campaña en Villa Dálmine se cerró con números de leyenda: al momento de su retiro, era el jugador con más partidos disputados en el club (201) y con más goles convertidos (61). Con el correr de las décadas, fue cayendo en ambos listados, pero aún hoy su nombre se mantiene vigente: es el 13º en cantidad de encuentros jugados y se sostiene en el Top 5 entre los máximos artilleros.
Claro está, no solo se mantuvo vigente por sus números, sino también porque dejó un gran recuerdo con su entrañable forma de ser, porque siguió ligado a la institución (fue entrenador de las divisiones juveniles) y porque, cada vez que pudo, siempre dijo presente en Mitre y Puccini para acompañar a esa camiseta con la que se lució y con la que tantas alegrías le brindó al simpatizante Violeta que ayer lo despedía con hondo pesar. Hasta siempre, "Rabito".
LA DEFINICIÓN DE RABITO, AQUEL 29 DE DICIEMBRE DE 1973 EN EL QUE VILLA DÁLMINE OBTUVO SU PRIMER ASCENSO A LA PRIMERA B CON LA VICTORIA 1-0 SOBRE ALL BOYS.
TRES DE LAS GRANDES LEYENDAS VIOLETAS DE SU HISTORIA: PORTILLO, DOMINGUEZ Y MARTÍNEZ. COMPARTIERON EL HOMENAJE AL HOLANDA DE LA C QUE SE REALIZÓ EN 2015. “BETO" FALLECIÓ EN JULIO DEL AÑO PASADO; “RABITO", EL ÚLTIMO LUNES.



