1.- Estamos ante un pronunciado declive de credibilidad que confunde a los ya perdidos pensamientos de votos de los ciudadanos.
Las sorpresas vinieron por múltiples partes. Como se diría "ya ni en la paz de los sepulcros creo". Todo cambió. Los malos ahora son los buenos, y los buenos ahora son los malos, como para tener una forma de diferenciarlos. No se crea lector que es todo oro lo que reluce, dado que las circunstancias de los análisis individuales de lo que dice la calle, tiene como un dejo de incredibilidad y parecería ser más una forma de "medir fuerzas" por un lado y de tratar de cambiar posiciones duras por el otro, con el objeto de impedir el miedo a lo que vendrá, cosa de lo que ninguno de los actuantes sabe "donde sale el pejerrey este año", como dijo un avezado pescador.
En lugar de aclarar se obscurecen las tinieblas, lo que hace aún más difícil a su vez, ver el ya difuso horizonte. Mientras, el "convidado de piedra", refiriéndome al "pueblo soberano", ve cada vez más difícil la situación de decidir el camino a tomar para definir quienes serás sus precandidatos, o candidatos al fin al ir a las urnas. Dios nos dé la sabiduría necesaria para comprender lo incomprensible y usemos racionalmente en democrática libertad nuestros derechos republicanos.
2.- Educación. La falta de memoria es el comienzo de todos los errores.
¿Nadie tiene memoria ni tuvo en sus manos un libro de estudios de las necesidades que parecerían haber sido descubiertas hoy por los medios y directivos de empresas de la capacitación para conseguir trabajo?
Desde que tengo memoria sobre ello, hablo de la segunda mitad del siglo XX, la tecnología de las grandes y pequeñas empresas exigían título secundario para entrar a trabajar en alguna de ellas. En contadas excepciones se consideraban los años de experiencia en funciones similares, convenientemente acreditadas, sino tenían título.
O sea, el promover el cumplimiento mínimo de la educación secundaria es una deuda pendiente de las autoridades educativas de todos los gobiernos anteriores. Pero como siempre las palabras que "hay que educar al soberano" pareciera ser algo que a ningún político le interesa dado que es más fácil engañar y sacar provecho de los olvidados de la cultura y así engañan, manejan y dominan a los ignorantes. Con un porcentaje mínimo de los fondos que se usan para dar planes sociales, se podrían construir cientos de escuelas para capacitar y hacer cumplir los estudios secundarios obligatorios, se podría desde ya empezar a crear un nuevo nivel cultural del pueblo argentino, solucionando el fondo de la mayoría de los problemas que se suscitan.
Asimismo estamos creando nuevas fuentes de trabajo construyéndolas con la mano de obra ociosa que disponemos en nuestra sociedad, en lugar de humillar a los trabajadores con limosnas. Comencemos hoy a edificar el futuro. No esperemos el resultado de las urnas. Comencemos de una vez por todas a "trabajar en equipo". Los planes se realizan y debe nacer la continuidad de todo aquello que no es política partidaria. Para hacer un buen gobierno se debe conservar lo bueno que se haga en el anterior y si es posible mejorarlo. NO DESTRUIRLO.-



