El último eslabón de la Generación Dorada, Luis Scola, se despidió del combinado nacional después de 22 años. Así cerró una carrera brillante que lo convirtió en el jugador más importante de la historia de la Selección Argentina.
Restaba menos de un minuto para que Australia firme su aplastante victoria sobre Argentina cuando Sergio Hernández decidió retirar de la cancha a Luis Scola y ese momento se transformó, inmediatamente, en un espontáneo homenaje: el partido se detuvo por completo, al tiempo que argentinos, australianos y todos los presentes en el Saitama Arena dirigieron sus miradas y sus encendidos aplausos hacia la silla donde se sentó la (ahora sí) leyenda del básquet. Incluso, el propio "Luifa", siempre reacio a dejarse ganar por sus sentimientos, se quebró emocionalmente, no pudo evitar las lágrimas que brotaban desde sus más de 2 metros de altura y se paró tímidamente para devolver la enorme muestra de respeto y admiración que estaba recibiendo. Y lo tuvo que volver a hacer instantes después, dada la persistencia de los aplausos de todo el estadio.
No era para menos: su compromiso con el básquet, sus inolvidables actuaciones, récords y conquistas en Europa, la NBA y, sobre todo, en las competencias internacionales lo elevaron a un lugar reservado para pocos. Para muy muy pocos, en realidad.
Y para el básquet argentino su influencia va mucho más allá de lo que hizo dentro del rectángulo de juego. Fue ejemplo a lo largo de sus 22 años con la camiseta albiceleste y desde su conducta y su ética de trabajo lideró no solo a su generación, sino también a las siguientes. Y a las que están por llegar.
Pero además se comprometió en muchos otros niveles que poco se conocen: desde lo más sencillo (poniendo plata de su bolsillo para mejoras estructurales) hasta cuestiones que involucran tiempo y dedicación (creó programas para acompañar a jóvenes en la transición al profesionalismo), pasando por aquel momento de 2014 en el que lideró la sublevación de los jugadores de la Selección contra la deficiente y corrupta dirigencia de la Confederación.
Y su lucidez. Porque Scola no hizo todo lo que hizo desde el impulso o el poder que le daba su condición de figura: lo hizo con argumentos y una capacidad de análisis y reflexión que siempre ha brillado tanto o más que su talento para sumar puntos y más puntos en cada partido que le tocó afrontar. Por ello no solo se transformó en el más grande referente que ha tenido el básquet argentino, sino también en una guía para muchísimos deportistas de elite de nuestro país que ayer inundaron las redes sociales de mensajes de admiración y respeto.
Medalla de oro en Atenas 2004 y de bronce en Beijing 2008; subcampeón mundial en Indianápolis 2002 y China 2019; campeón del FIBA Américas en 2001 y 2011. Máximo goleador en la historia de los FIBA Américas; segundo máximo anotador en Mundiales; y cuarto en Juegos Olímpicos. Único jugador de la historia en disputar cinco Copas del Mundo y cinco Juegos Olímpicos. Jugador con más presencias (173) y puntos (2.857) en la historia de la Selección Argentina.
Sus logros, reconocimientos y victorias son infinitos. Y ni siquiera lo definen. "El éxito es preparase y vaciarse, que no te quede nada. Es dejar todo para ese objetivo. Se gana o se pierde en el proceso previo. No busco un resultado, una posición: busco mi techo siempre. Y si se está cerca de ese techo, se gana", resumió alguna vez sobre su filosofía.
"Nunca nadie me va a decir que no trabajé. Con eso ya estoy bien, estoy tranquilo. Me voy muy contento, me voy en paz", afirmó ayer, "golpeado emocionalmente", antes de marcharse con la pelota bajo el brazo, vestido con el uniforme de la Selección Argentina por última vez.
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APLASTANTE DERROTA
La despedida de Luis Scola "ocultó" la dura derrota que Argentina sufrió ante Australia en los Cuartos de Final: el 97-59 excede a cualquier comentario, más allá que los dirigidos por Sergio Hernández habían hecho un buen primer cuarto y recién quedaron fuera de batalla en el arranque del último cuarto, cuando los oceánicos liquidaron el pleito con un terrible parcial.
Ahora, Australia (invicta en el certamen) jugará en semifinales frente a Estados Unidos, que venció 95-81 a España. En la otra llave estarán la inexpugnable Eslovenia de Luka Doncic (superó 94-70 a Alemania) y la entonada Selección de Francia (que le ganó 84-75 a Italia y sigue invicta).



