Un sector que está muy castigado, no por el COVID, sino por sus consecuencias sociales, económicas y afectivas.
Perdieron sus lugares habituales. Resignaron su incipiente privacidad. Están siendo testigos obligados de situaciones familiares que no les competen, pero a las que han sido expuestos por las medidas de seguridad que fueron necesarias pero no inocuas.
Dos años sin clases presenciales. Al menos un año en condiciones de dependencia a la que ya estaban empezando a superar.
La mayoría ha sufrido una situación de regresión en su crecimiento. En su emancipación.
Muchos porque han perdido el trabajo, consecuencia de la pandemia.
Otros porque han vuelto a sus hogares, del que se habían emancipado, para acudir a clases universitarias o terciarias.
Este retroceso los ha perjudicado. No solo la muerte es lo que afecta.
También en los adolescentes hay una pérdida enorme. Están viendo morir a sus abuelos, padres, y los abuelos y padres de sus amigos.
De manera acelerada y violenta, las pérdidas son muchas y sin herramientas para procesarlas.
Se los tilda de egocéntricos y de no importarles nada. Prejuicios, que es lo que sobra en esta pandemia.
No es fácil decir lo que se siente ante tanta pérdida y tanto cambio e incertidumbre. Lo más probable es no saber qué es lo que a uno le pasa.
Se tiende a sobreprotegerlos y luego culparlos por ello.
Dialogar se ha trasformado en una cosa difícil. Casi excepcional.
Es fundamental que no colapsen. Que no se vean expuestos al límite en estos momentos.
Duermen mal. Cambiaron sus horarios de sueño para recuperar cierta privacidad.
No dejemos de tenerlos en cuenta, antes de juzgarlos o mirarlos con pena, o culpa.
Tomemos medidas y si no sabemos cuáles son las más convenientes, pidamos ayuda.
Lic. en Psicología Marta Giralt - MP 25.316. Atención particular de niños, adolescentes y adultos presencial y online. Para solicitar turno llamar al teléfono 1158232352.



