La descripción de su vida costumbres creencias y enseñanzas constituye indudablemente un estudio interesantísimo para todos los estudiantes modernos de misticismo y escrituras sagradas.
Moraban en comunidad en bien guardados edificios generalmente dentro de un recinto sagrado o bien protegido todos sus asuntos estaban regulados por un consejo de cien miembros que se reunían semanalmente para ordenar las actividades de la comunidad y escuchar los informes de los obreros en el campo de acción.
Al recibir la iniciación, habían de entregar a la comunidad los bienes temporales que poseían pues del fondo común se les proporcionaba cuánto necesitaban que era muy poco si se tiene cuenta la austeridad de su vida pues no se entregaban a ninguno de los placeres propios de la gente mundana.
Inmediatamente después de la iniciación vestía el iniciado una túnica blanca de una sola pieza y sólo llevaba sandalias en tiempo crudo o cuando era absolutamente necesario.
Su hábito era tan singular, que el vulgo los apellidaba "hermanos blancos", pues el nombre de Esenios no era del dominio público, y así se explica la falta de referencias a los esenios en la mayoría de escritos, crónicas, anales e historias profanas de la época.
A todo postulante adulto, que era admitido a compartir la comida diaria en el edificio de la fraternidad, si le destinaba después de iniciado a cumplir determinada misión, sin reparar en obstáculos ni tentaciones y aún a costa de la vida. No gustaban los esenios de vivir en el interior de las ciudades y se aposentaban en las afueras o en áreas cercanas, donde cada individuo casado tenía su casita con jardín y los célibes vivían en comunidad. El matrimonio no estaba prohibido entre los esenios como generalmente se cree, sino que sus ideas respecto del matrimonio eran muy elevadas, y sólo se consentía entre contrayentes que reunieran las condiciones requeridas.
Establecieron hospitales en varias poblaciones para el cuidado de los enfermos y los pobres, especialmente durante las hambres y epidemias. Llamaron a dichos hospitales "Bethseida" y fueron el origen de los hospitales y hospicios qué tanto cundieron un siglo después. Un cuerpo de obreros, llamados hospitalarios, se encargaban de esa actividad, y de ellos derivó con el tiempo otra rama más o menos separada de la fraternidad.
En el orden doméstico no tenían sirvientes, porque consideraban ilícita la servidumbre, y cada familia cuidaba por sí misma de los menesteres de la casa. Conviene tener en cuenta que en la época en que se adoptaron dichas reglas, los sirvientes de las familias ricas de las casas reales eran esclavos; y como los esenios consideraban naturalmente libre a todo ser humano, estaba entre ellos absolutamente prohibido toda modalidad de esclavitud o servidumbre.
Rara vez intervenían en las discusiones públicas y nunca en las de carácter político o religioso. Generalmente guardaban silencio cuando otros hablaban, pues parecía ser el silencio su divisa. Se ejercitaban cuidadosamente en la educación de la voz y en los conjuros, y conocían el valor de las vocales hasta el punto de que las pronunciaban muy suavemente incluso en la conversación ordinaria punto de aquí que se les apellidara "hombres de palabras suave".
Era muy natural que alcanzarán no sólo magnetismo personal con limpieza de cuerpo, vestidos y ropas, sino también que lograban desarrollar hermosas auras (pericuerpo) visibles a los profanos en muchas ocasiones, y qué es concertaban a los judíos desconocedores del desenvolvimiento de la naturaleza mística, aunque su religión y tradiciones contenían varias admirables leyes de ese carácter que no acertaban a practicar.
Los hebreos o judíos ortodoxos tenían sus propios gobernadores en la mayor parte de las ciudades y se les había concedido el derecho de ciudadanía romana y los privilegios especiales que demandaban por creerse firmemente "el pueblo elegido por Dios".
En secreto y silencio, los judíos ortodoxos deploraban que el centro de Israel no estuviese ya en manos de la dinastía de Judá y que el pueblo elegido por Dios fuese vasallo de Roma.
Los conocimientos ocultos de los esenios no eran, en principio, ni más ni menos que los que desarrollaron distintas agrupaciones esotéricas en diversas épocas y lugares. Si observamos detenidamente su austeridad y el principio de no intervención en asuntos que directa o indirectamente podían perjudicarlos, surge la evidencia que su fin era subsistir a través del tiempo.
En cambio, la prédica de Jesús lo enfrentó con los rabinos, pese a que sabían que era una lucha desigual. Una se manifestaba en favor de privilegios y prerrogativas y la otra tratando de establecer normas humanas de igualdad y de amor y reconocer en un solo Dios y en sus leyes el medio para que el espíritu se reintegrará a su primigenia condición de Luz.
Colaboración de Héctor Malvicino - Del libro "La vida mística de Jesús" de Spencer Lewis



