Por Él, con Él, y en Él: envenenados por el pesimismo, el desencanto, y el materialismo vacío de todo propósito trascendente, la fe tiene la fuerza y vitalidad para enfrentarnos al mal, vencerlo, y así comenzar a vivir la vida en plenitud. Anunciarlo es la tarea que, además, nos retroalimenta.
La lectura del Evangelio de ese domingo corresponde a San Marcos, Capítulo 16, versículos del 15 a 20: "15 Les dijo: Vayan por todo el mundo y anuncien a todos la buena noticia. 16 El que crea y sea bautizado, se salvará; el que no crea, será condenado. 17 Y estas señales acompañarán a los que crean: en mi nombre expulsarán demonios; hablarán en idiomas desconocidos; 18 podrán tener serpientes en sus manos; aunque beban veneno, no les hará daño; pondrán sus manos sobre los enfermos y los curarán. 19 Después de conversar con sus discípulos, Jesús, el Señor, ascendió al cielo y se sentó junto a Dios, en el lugar de honor. 20 Los discípulos salieron en todas direcciones a proclamar el mensaje. Y el Señor mismo los ayudaba y confirmaba el mensaje acompañándolo con señales milagrosas".
"Este domingo - comenta el cura párroco de Nuestra Señora del Carmen- celebramos el gran acontecimiento de la Ascensión del Señor a los cielos: punto de llegada en la vida de Jesús y punto de partida de nuestra iglesia. San Lucas comenta la ida de Jesús desde Galilea a Jerusalén donde vive intensamente su muerte y glorificación. En Jerusalén inicia el gran camino de la iglesia, y de ahí a todo el mundo. Es el gran envío: "Vayan y anuncien" le dice a los apóstoles. El triunfo de Jesús es el comienzo de la misión de la Iglesia con Cristo constituido Señor de todo el mundo, y cabeza de la comunidad. El prefacio en la Misa de la Ascensión nos menciona los títulos de Jesús: Señor, Rey de la Gloria, Vencedor del Pecado y de la Muerte, Mediador entre Dios y los hombres, Juez de vivos y muertos… Los apóstoles no pueden quedarse mirando el cielo. Reciben la misión de continuar la misma misión de Jesús: ser, es ser testigos, predicar la buena noticia, celebrar los sacramentos. Para eso, el mismo Jesús está con y en nosotros: "Yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo". Por eso Jesús es el gran protagonista de la salvación, y nosotros colaboramos con él y a su vez nos da su espíritu, un protagonista invisible pero realmente presente. Hoy es la fiesta de la esperanza, del Señor de la historia".
"La plenitud de la Pascua de Cristo y del cristiano, la actualizamos y celebramos en cada eucaristía. El Padre lo resucitó, así entró definitivamente en la esfera de Dios. La Ascensión es la coronación de la misión liberadora del hijo de Dios. Los cristianos damos testimonio del cumplimiento de las escrituras, el sentirnos personalmente comprometidos con el llamado de adherirnos a Jesús en el grupo, en el movimiento, en la catequesis, en nuestra familia, como agentes de pastoral para que todos disfrutemos de una vida plena y descubramos que el centro de la escritura y de nuestra existencia es Jesús", continúa Rufino Giménez.
"El espíritu Santo que nos envía es para releer las escrituras es como una retroalimentación. El Espíritu Santo es el poder de Dios, presente en el caminar de la comunidad, que nos ayuda también a discernir los acontecimientos de mantera tal de desenmascarar y destruir las estructuras generadoras de la muerte en vida, y construir una nueva historia de vida inaugurada ya por Jesús quien es el sumo sacerdote que bendice y da la vida porque al derramar su sangre para nuestra salvación, entró en el santuario de la comunión definitiva con Dios. Con su Ascensión, comienza el tiempo de la comunidad cristiana, la reacción de los apóstoles es de conocimiento, expectativa, alegría… van a Jerusalén para recibir la fuerza de lo alto. Jesús se manifiesta y el Espíritu Santo anima a la iglesia naciente. Los apóstoles se quedaron admirados, querían seguir contemplando a Jesús elevándose al cielo y perdiéndose entre las nubes. Pero esa no es la misión, sino la de conectar con el mundo y anunciar el evangelio. Ese el mandato de la iglesia, siempre y en todas partes. En definitiva, el mandato del Señor es claro y su promesa se cumple. Los milagros y prodigios nos acompañarán en la medida en que mantengamos también nuestra relación íntima con él. Si estamos con él, nada podrá hacerle daño a nuestro corazón. Quienes están leyendo estas palabras, repitan en voz alta y con fe: ´Señor, te vemos sentado a la derecha del Padre, vestido de gloria y majestad. Permítenos cada día contemplar tu gloria en oración y creer en tus promesas para seguir evangelizando con tu poder y tú mismo espíritu. Envía señor apóstoles santos a tu iglesia", concluye el sacerdote Rogacionista.



