Todos hemos experimentado situaciones dolorosas en nuestras vidas; durante este tiempo de pandemia quizá hemos perdimos un familiar querido, o quizá estemos transitando por esa enfermedad, o alguna otra, o un ser amado esté en medio de esa tribulación física que nos debilita, que nos genera angustia…seamos los enfermos, o quienes los cuidamos, padecemos las consecuencias de esa enfermedad.
He visto muchas series de ficción donde se tocan estos temas... ER emergencias, Dr. House, New Ámsterdam; todas tienen un común denominador, en algún momento aparece una solución mágica para el problema y todo se soluciona.
Nosotros podemos gozar de un ayudador único, que nos sostiene, que actúa de forma sobrenatural y que, sin importar el diagnóstico, nos soluciona el problema mayor de nuestras vidas: la salvación; ese es Jesús, puente de vida hacia Dios. "A las montañas levanto mis ojos: ¡de donde ha de venir mi ayuda? Mi ayuda proviene del Señor, creador del cielo y de la tierra." (Salmo 121:1-2)
La única solución posible a toda clase de dolor es el Rey de reyes, el amado de las naciones, que nos acompaña y no nos deja solos. Es Su Espíritu el que nos alienta y nos guía.
En momentos de desesperación solemos buscar soluciones rápidas, pero no queremos esforzarnos demasiado; en medio de una sociedad egoísta y consumista, pensamos que podemos comprar sanidad, honestidad, libertad, paz, amor…
Pero todo eso, solo lo obtenemos a través de Cristo, si tomamos la decisión que Él sea Señor de nuestras vidas, si reconocemos nuestras debilidades, hay una nueva vida donde probablemente vamos a sentir dolor, donde continúen los problemas, pero ya no estaremos solos; ya la oscuridad no reinará en nuestras vidas, y podremos disfrutar de sus promesas.
Reconocer que no somos buenos es sumamente difícil, tal vez hemos hecho cosas buenas para ocultar malas acciones o pecados, solo para lavarnos el alma, pero sin arrepentimiento, no hay cambios, y sin cambios no hay vida eterna en el reino de Dios.
Nuestras acciones deben ser consecuencia de nuestra Fe. "Ahora bien, la Fe es la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve" (hebreos 11:1). Es decir que nosotros creemos sin ver, creemos porque tenemos la garantía a través de la Biblia, que es la Palabra de Dios, que Cristo es el hijo de Dios y a su vez es el Espíritu Santo, el espíritu de Dios que nos permite creer con nuestro corazón teniendo la certeza que Dios lo resucitó, para darnos vida eterna. Podemos depositar esa Fé en Cristo y solo en Él, y hallaremos el camino hacia el único y verdadero Dios, dejando a un lado mediadores, estampitas, crucifijos, esfuerzos o sacrificios humanos.
Solo si creemos en Cristo llegaremos a Dios, y Él nos sostendrá en momentos dolorosos, nos dará consuelo y bienestar espiritual, nos mantendrá en el hueco de su mano, obrará en nuestras vidas, porque seremos sus hijos y tendremos un Padre Celestial.
"Tan compasivo es el Señor con los que le temen como lo es un padre con sus hijos" (Salmo 103.13). Dios es bueno, fiel, amoroso, paciente, misericordioso, justo… es la única esperanza en los momentos de dolor; como dice el libro de (Nahúm 1.7) "Bueno es el Señor; refugio en el día de la angustia, y protector de los que en él confían".
Busquemos al Señor ahora, hoy es tiempo que lo dejemos obrar en nuestro corazón.
"El Señor mismo marchará al frente de ti y estará contigo; nunca te dejará ni te abandonará. No temas ni te desanimes". (Deuteronomio 31.8) ¿Tienes un dolor?
Busca y contáctate con un cristiano y/o una iglesia que enseñe de Cristo y La Palabra de DIOS. "La Biblia". ¡No te arrepentirás!
¡Dios te bendiga! ¡Hasta la próxima semana! María Victoria Paredes.
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