Es evidente que la pandemia que nos devasta ha agudizado las insoportables desigualdades que las políticas neoliberales han producido en todo el planeta tanto en los países más desarrollados como en el tercer mundo al que pertenecemos.
Estamos comprobando las consecuencias de dejar todo en manos de "los mercados", es decir de los grandes grupos económicos a los que sólo los mueve la acumulación de las riquezas en pocas manos con el incesante aumento de la pobreza y la indigencia con el inevitable aumento de la violencia.
Esta violencia que en gran medida todavía está latente ha empezado a preocupar incluso a sectores de la derecha como lo demuestra lo expresado por el conocido divulgador de las ideas neoliberales Marcelo Longobardi quién afirmó que estos niveles de desigualdad son insoportables en una sociedad democrática para lo cual propuso prepararse para reprimir y no en disminuir esa desigualdad. Como se ve el zorro pierde el pelo pero no sus mañas.
Recordemos lo que alguna vez dijo Julio Cortázar: "Es muy importante comprender quién pone en práctica la violencia: si son los que provocan la miseria o los que luchan contra ella".
Vemos también como el primer mundo defensor del "mercado" como regulador de la vida social está muy preocupado por la gran desigualdad en la provisión de vacunas sabiendo que en un mundo globalizado solamente se podrá triunfar contra el virus si la pelea es global.
Esto es así porque entre las pocas cosas que sabemos del covid-19 es que la persistencia de contagios en cualquier lugar del planeta produce mutaciones que pueden contrarrestar las defensas proporcionadas por las vacunas existentes y por lo tanto ocasionar una nueva ola de contagios.
También es cierto que se tiene plena certeza que lo que realmente afecta la actividad económica no es la cuarentena sino la pandemia que obliga a las restricciones necesarias.
Es por eso que más que por un sentimiento humanitario se está discutiendo la posibilidad de establecer a las vacunas como bien público y por lo tanto liberar las patentes que hoy están en poder de los laboratorios privados para que se posibilite aumentar significativamente su producción en todo el mundo.
Recordemos que la patente garantiza que su poseedor es el único que puede fabricarla o habilitar a otro para que lo haga bajo sus propias condiciones principalmente las económicas, esto es el pago de regalías.
Tengamos en cuenta los enormes aportes de los estados para la investigación y desarrollo de esas vacunas cuyas ganancias quedan en manos de los privados que las producen. Como sucede habitualmente los aportes de todos van a parar a muy pocas manos.
Esta liberación que debería ser permanente sólo estaría vigente durante la pandemia. Evidentemente tan buenos no son.
En nuestro país parece ser que después de tantos contagios estamos ante una nueva cepa porteña que ha sido detectada por el gobierno de Horacio Rodríguez Larreta.
Esta mutación del covid-19 tiene una característica que la diferencia de todas las demás variaciones existentes en el mundo siendo la única que no contagia a la comunidad educativa ni siquiera yendo o volviendo de la escuela pero ese comportamiento no se verifica en el nivel secundario.
¿Será que se está cumpliendo el deseo de ex-ministro de salud chileno Jaime Mañalich Muxi quien en marzo de 2020 planteó la posibilidad de que el covid-19 mute en un virus bueno llegando a pensar que sea "un buen ciudadano"?
Si bien se ha anunciado que en nuestro país se van a producir vacunas en poco tiempo mientras tanto debemos seguir cuidándonos porque para muchos las vacunas llegarán demasiado tarde. Tanto es así que hasta la Real Academia Española ha incorporado el término "covidiota" para definir a "las personas que se niegan a cumplir las normas sanitarias dictadas para evitar el contagio de la covid".



