Típico de la construcción, una de cal y otra de arena
Como siempre las medidas que alientan la construcción son bienvenidas y sobre todo si, según mi línea de pensamiento y tal como lo he expresado en incontables oportunidades, se considera que la construcción es la única industria que tiene un impacto inmediato en todos los sectores de la población por la cantidad de rubros que moviliza y la fuerte impronta local de mano de obra ocupada.
Resulta bastante optimista suponer que la eliminación del impuesto a las ganancias que pesaba sobre los salarios habrá de volcarse necesariamente a la toma de créditos para construir como propone en un rapto de excesivo optimismo el Sr Presidente de la Nación. Pero bueno, no es mi intención desalentarlo, en medio del farragoso terreno pandémico que le ha tocado.
Gran parte del alivio será para recomponer la caída del poder adquisitivo de ese salario que seguramente representará una mejora en cuanto al consumo de insumos básicos. La construcción siempre ha sido un esfuerzo para el inversor individual y un proceso de largo aliento. Pero la expectativa crediticia al menos ofrece una oportunidad para que sectores de la clase media puedan acceder a refacciones o ampliaciones de sus viviendas. Igualmente, la hipótesis de la tasa cero siempre en la Argentina ha sido una trampa que con el tiempo termina ahogando igualmente al tomador del crédito.
Los sistemas de ajuste siempre perjudican porque los índices inflacionarios siempre son superiores a la evolución del poder de pago del tomador. Al menos esa ha sido la historia de los últimos 40 años. Hace tiempo que los créditos hipotecarios dejaron de ser un acto de beneficencia pública. Los memoriosos recordarán operatorias donde el gasto del transporte para ir a pagar la cuota era superior al valor de la cuota misma. Con lo cual y casi por vergüenza se pagaban de a diez cuotas juntas. Pero bueno, como siempre hay que dar un espacio para el optimismo y la propuesta de 87000 créditos, con la nueva fórmula Hogar, basada en la evolución salarial al menos abre una expectativa y quizás resulte una nueva forma de apoyo a la inversión.
Los montos en juego son chicos y la cantidad insignificante en relación al déficit global de viviendas, pero al menos como globo de ensayo es válido y creo que puede resultar interesante ver la evolución de esta alternativa. Si esto diera algún resultado razonable quizás sea el camino para interpretar definitivamente que cualquier aliento a la construcción es una forma de incrementar y desarrollar los activos urbanos y promover la inversión privada que es una alternativa para resolver en parte la falta de viviendas. Lo importante es que por fin se interpreta que la verdadera cuestión de la construcción está en atomizar el apoyo al individuo y no pensar necesariamente en mega proyectos públicos que al final resultan pesados, tediosos y muchas veces deficitarios.
Siguiendo con mi línea de análisis, un crédito accesible para refacción o ampliación combinado con las ventajas y flexibilizaciones reglamentarias que se han implementado a nivel local a partir de la reforma del Código de Planeamiento que mejoran las posibilidades en cuanto a ampliaciones y ocupación del suelo, pueden resultar una combinación interesante en cuanto al desarrollo local y la inversión en los activos individuales.
En la misma línea de pensamiento el desafío que viene, tiene que ver con las adecuaciones del reglamento de construcción, que puede flexibilizar los mecanismos de permisos de obra, y la cuestión de las consideraciones sobre obras menores ya que las líneas de créditos para refacciones implican no necesariamente una ampliación de superficies cubiertas sino adecuaciones o modificaciones de calidad habitacional bajo superficies cubiertas preexistentes. Esta reformulación puede mejorar la carga de los costos indirectos sobre la construcción de modo de promover y acompañar este proceso de inversión habitacional individual.
Nuevos horizontes y nuevos desafíos para estos cambiantes escenarios históricos.
Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015



