La lógica necesidad de compartir y compartir la alegría de que Jesús está vivo y somos todos hermanos: La Buena Noticia que se viraliza desde hace más de 2 mil años.
En este tercer domingo de Pascuas, corresponde la lectura del Evangelio de San Lucas, Capítulo 24, los versículos 35 al 48. "35 Ellos, por su parte, contaron también lo que les había sucedido en el camino y cómo habían reconocido a Jesús cuando partía el pan. 36 Todavía estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se puso en medio de ellos y les dijo: - ¡La paz sea con ustedes! 37 Sorprendidos y muy asustados, creían estar viendo un fantasma. 38 Pero Jesús les dijo: - ¿Por qué se asustan y por qué dudan tanto en su interior? 39 Miren mis manos y mis pies: soy yo mismo. Tóquenme y mírenme. Los fantasmas no tienen carne ni huesos, como ustedes ven que yo tengo. 40 Al decir esto, les mostró las manos y los pies. 41 Pero aunque estaban llenos de alegría, no se lo acababan de creer a causa del asombro. Así que Jesús les preguntó: - ¿Tienen aquí algo de comer? 42 Le ofrecieron un trozo de pescado asado, 43 que él tomó y comió en presencia de todos. 44 Luego les dijo: - Cuando aún estaba con ustedes, ya les advertí que tenía que cumplirse todo lo que está escrito acerca de mí en la ley de Moisés, en los libros de los profetas y en los salmos. 45 Entonces les abrió la mente para que comprendieran el sentido de las Escrituras. 46 Y añadió: - Estaba escrito que el Mesías tenía que morir y que resucitaría al tercer día; 47 y también que en su nombre se ha de proclamar a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén, un mensaje de conversión y de perdón de los pecados. 48 Ustedes son testigos de todas estas cosas".
Esta es la tercera y última gran aparición de Cristo resucitado antes de su ascensión relatada en los evangelios. Los testigos son los dos discípulos de Emaús, Pedro, los once, y las mujeres y otros hermanos que estaban con ellos.
"En la aparición previa - dice el sacerdote Rogacionista Rufino Giménez- que San Lucas relata a partir del versículo 13 en adelante, conocemos el nombre de uno de los dos discípulos que toman contacto con Jesús cuando se encontraban, llenos de incertidumbre, camino a Emaús, a once kilómetros de Jerusalén: ese discípulo es Cleofás. El otro, de quien no conocemos el nombre, bien podría ser uno de nosotros, un lector de La Auténtica Defensa, que está transitando la experiencia de descubrir cómo se abre su corazón escuchando la Palabra de Dios, yendo a misa y participando de la fracción del pan en torno al resucitado. El camino a Emaús es el sendero de la vida luego de experimentar una amarga derrota: los discípulos están tristes por la muerte en la cruz de su amigo y líder, Jesús. ´Nosotros teníamos la esperanza de que él iba a ser el libertador de Israel, pero ya han pasado tres días desde que sucedió todo esto´, dicen. Emaús es el camino de salida de Jerusalén hacia un destino incierto, sin esperanza, de derrotados y vencidos… ¿Dónde está el Emaús de cada uno de nosotros? Duda, incredulidad, inquietud, ansiedad… ¿Puede haber esperanza, certeza, orientación, diálogo verdadero en esas condiciones? ¿Se puede vivir así? La maravillosa encarnación de Jesús resucitado, aun incomprensible para el hombre perdido y desorientado, puede transformarse en un camino de conversión, de regreso a lo importante y verdadero. Jesús siempre tiene la iniciativa de acercarse a caminar con nosotros, escucharnos y explicarnos la realidad de la Escritura y convertirnos en evangelizadores para construir una iglesia llena del mensaje y una sociedad más justa y solidaria, ya no sólo en Israel, el pueblo elegido del Antiguo Testamento, sino de ahora en más en todas las naciones, es decir en el mundo entero".
"Luego de tomar contacto con Jesús, los dos discípulos de Emaús vuelven sobre sus pasos para comunicarle a los once lo que habían visto y oído. No se lo quedaron para sí. Salieron a buscar a los demás para contarles, compartir lo bueno que les había pasado, impregnar su alegría a los demás. Esa es nuestra misión: ser testigos y dar testimonio de ello. Pensemos en uno de los aspectos positivos del fenómeno de las redes sociales: ¿Acaso cuando participamos de un hermoso viaje, una reunión con amigos, o tenemos una alegría no lo compartimos con los demás? ¿No nos alegramos más aun cuando del otro lado alguien más se alegra con nosotros? Un poco así es el fenómeno evangelizador: un mensaje de conversión y de perdón de los pecados que a partir de Jesús incluye a todos", reflexiona el cura Párroco de Nuestra Señora del Carmen.



