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miércoles, 20/may/2026 - 18:38
 
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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 11/abr/2021 de La Auténtica Defensa.

Opinión:
Modernidad y ambiente
Por Arq. Jorge Bader




Jorge Bader

La cuestión del desarrollo tiene un problema político y social subyacente que lo convierte en un tema central en los países sumergidos en crisis cíclicas o en vías de desarrollo lento y subordinado a los poderes centrales. ¿Por qué razón empiezo a analizar la cuestión urbana desde este enfoque? Hay un estudio que verifica este análisis, del urbanista Guimarães, que en el capítulo Modernidad, medio ambiente y ética, los nuevos paradigmas del desarrollo, nos confronta a la realidad de la dominación que generan sobre los países periféricos las potencias centrales. Las naciones fuertemente industrializadas lo hicieron a expensas de un modelo de subordinación del ambiente y deterioro de muchas variables ambientales o la pérdida de territorios naturales sometidos a la antropización o la producción y depredación de recursos. Luego de ese proceso sobrevino la escalada crítica y la razón de la sustentabilidad y luego la remediación, pero todo eso a expensas de una fuerte inversión derivada de aquel proceso de crecimiento depredador. Como consecuencia de esto, llegó la exportación de un modelo de subordinación de los países en desarrollo criticados por esos países centrales y sometidos a la preservación de sus recursos naturales a expensas de una desinversión industrial y un sometimiento económico. ¿Cómo impacta esto en nosotros, y más precisamente en nuestro territorio?

Campana tiene un territorio isleño y bajo cotas inundables inmenso en relación a la porción del partido ocupado y urbanizado. Sin embargo, ha propiciado por diversos mecanismos la limitación del uso de esos extensos y potenciales espacios de reserva, que finalmente no son útiles a nadie amparados en la loable defensa de la preservación del suelo natural. Lo que es más grave es que muchos de esos territorios son distantes por la dificultad de acceso, o por la accesibilidad limitada a los cursos de agua y resultan incontrolables, en cuanto a ocupación, uso, usurpación o depredación. La lectura que plantea Guimarães sobre esta cuestión sudamericana es la de la subordinación a la que se somete al urbanismo en función de esta globalización que difunde políticas de preservación posibles en economías fuertes y extremadamente dificultosas en economías débiles, donde las prioridades son totalmente otras. Entonces en el contexto actual de pandemia y caída de la producción, en el marco de la falta de inversión y trabajo, las regulaciones extremas sobre el territorio en todos los aspectos son solo un freno a las hipótesis potenciales de desarrollo. Como contrapartida la propuesta de Guimarães resulta de una visión más pragmática donde se contrapone el análisis de la preservación y la racionalidad extrema con la lógica de lo posible. Una suerte de contrapunto entre lo posible y lo deseable. Su propuesta avanza en la búsqueda de integrar naturaleza, economía, producción y urbanismo.

Quizás el giro de este análisis se transforme en una exposición demasiado teórica. Quiero llevarlo a la faz práctica para mejorar la interpretación. Preservar humedales de la antropización irresponsable es un problema que repercute en varias cuestiones ambientales y sanitarias. Ahora bien, si el análisis más profundo deriva en cuál es la forma de urbanizar el humedal que garantice algún equilibrio entre el uso y la preservación quizás exista una fórmula intermedia de ganar-ganar.

En la zona de los deltas del mundo se construyen viviendas elevadas sobre palafitos, y esto permite el uso humano del espacio y la movilidad libre de los flujos hídricos. Los inmensos arrozales de Bangkok son un ejemplo de uso racional del suelo manteniendo las ventajas de su calidad natural. La producción en la albufera, en el delta del Ebro en Barcelona es un ejemplo de antropización y producción sustentable. En nuestro caso tampoco existe una lectura central de las políticas públicas coherentes en lo que hace al manejo de esos territorios, porque municipios vecinos urbanizan indiscriminadamente innumerables suelos bajos mediante distintas estrategias de relleno u ocupación, lo cual nos pone en un desequilibrio operativo en pocos kilómetros de diferencia, y por el simple límite administrativo. A una margen del Río Luján no tenemos posibilidad de acceder y a la otra margen polderizan, rellenan y urbanizan. Son ejemplos muy simples pero la lectura de estas circunstancias es la que permite apuntalar el pensamiento de Guimarães, cuando dice que no basta con impedir o limitar en la defensa de una supuesta preservación, sino que se debe repensar las estrategias desde un punto de vista central, como política de estado, para posibilitar el desarrollo desde una óptica complementaria de uso y preservación.

Un desafío que nos debemos en el análisis de nuestro potencial territorio sub utilizado, injustamente limitado o inexplicablemente ignorado.


Arq. Jorge Bader - Matrícula CAPBA 4015


 
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