Leyendo las controversias que despierta en estos días los tratamientos psicológicos a través de la red, recuperamos esta nota que publicamos a fines de 1999
En la era en que vivimos las computadoras pueden manejar máquinas de alta precisión y ayudar a cumplir las más remotas fantasías que incluyen controlar las tareas del hogar y organización de gastos, reparaciones y otras tareas mecánicas en general, permitiendo a la gente tiempo disponible para otras cuestiones.
El avance en el terreno de la informática se sucede a pasos agigantados; de modo tal que informaciones procedentes de los Estados Unidos dan cuenta de la preparación de una computadora programada para ayudar a las personas a resolver conflictos personales leves.
La información consigna investigaciones realizadas en la universidad de California donde realizaron pruebas a grupos de voluntarios sometidos al programa computarizado y otros que recibieron tratamientos convencionales. El programa estaba centrado en el aprendizaje de nuevas conductas y al parecer resultó exitoso en personas que atravesaban crisis puntuales.
En general los resultados consignados no se diferencian de aquellos obtenidos por quienes concurren a grupos de autoayuda y de ayuda mutua, en tanto la presencia de una instancia de control externa, sirve como soporte y facilita la adquisición de nuevos hábitos.
Nos preguntamos acerca, de la definición de hábito, son los comportamientos adquiridos por un proceso de aprendizaje, surgen a partir de los actos reflejos simples, en los inicios de la vida, a los complejos a través del desarrollo evolutivo; y de la copia, a la internalización.
De acuerdo a estas definiciones entendemos que los programas computarizados requieren de altos niveles de generalización y encontramos que quienes organizan los programas, apuntan a resaltar entre sus opciones aquellas socialmente aceptadas. Dan por logro aquello que corresponde a niveles observables y concensuados, nada nos dicen de la interioridad. Estas respuestas dejan por fuera a los individuos.
Cada ser humano es único. Su singularidad es la condición necesaria e indispensable que lo diferencia de todos los demás seres vivos. Solo a partir de la consideración de tal premisa podremos pretender profundizar en el conocimiento y el padecer de cada uno, no homologable a ningún otro.
Entendemos que no son solo los costos los que impiden la formulación de proyectos que estén destinados a cada persona, considerando su historia singular y sus necesidades. Descubrir los deseos más profundos de cada uno, las situaciones que generan el sufrimiento y los posibles modos de resolución, diversos de lo que la sociedad espera, sigue siendo un camino dificilmente abordable por una máquina; ya que la comprensión profunda de aquello que nos sucede, se obtiene luego de un trabajo, que necesita de una escucha, teórica y vivencial de a dos. Mientras esto ocurra, el trabajo artesanal seguirá siendo necesario y aquellos que elegimos este arduo camino, seguiremos intentando avanzar en él.
Lic. Patricia Katz. Lic. Sebastián Terrizzano.
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