Hay una hermosa canción de los 70 que se llama "Carta de un león a Otro". (YouTube, por favor).
Chico Novarro inventa, como remitente, a un león de zoológico. En algún lejano circo, otro entristecido león la recibe. Ese chat simple y resignado profundiza sobre la libertad.
"Volver a la Naturaleza sería la mayor riqueza", deslizan a dúo, promediando el tema.
Canción profética, si las hay… Los animales nos condenan a pensar…
Hábiles para la prestidigitación, les humanes nos creemos reyes de la Naturaleza y gozantes de absoluta libertad.
Sutiles enrejados, sin embargo, se plantan delante de nuestras narices. Y no los vemos…
Un ejemplo contundente: nuestra alimentación.
Hubo un tiempo en que los alimentos naturales vivían con nosotres. Nadie hablaba de ellos. Respirábamos su presencia.
En las casas había un fondo viviente y vivificante en donde cacareaban los nidos y, a la vuelta de ellos, nos traíamos, abrojados, tomates y zapallitos. A nuestros pasos, se elevaban las mentas y los poleos.
Puntualmente, pasaba el pescador. Hoy, una curiosidad. Regresaba de un río cristalino y generoso.
También un montecito aportaba lo suyo. Las naranjas se coloreaban de frescura y saltaban para enamorarse del exprimidor…
Hoy, una góndola destituyente ha tomado el control de nuestra ¿salud? Y nos conduce alocadamente por canales borrosos y confusos.
En sus estantes, poderosos supermercados muestran y demuestran (pretenden demostrar) que sus cajas y latas, fortalecidas por marketing y merchandising, son superiores a una modesta manzana, en la que se concentra el Universo.
Y, cuando despertamos de ese ensueño, nos espera el amanecer de la diabetes, la hipertensión, la aterosclerosis, el abdomen globoso, la artrosis…
Claro que, como todo tiene solución, a la vuelta nos recibe, brazos abiertos, el otro supermercado: la farmacia.
No cabe duda que la industria de los alimentos y la industria farmacéutica son dos hermanitas gemelas.
Como médico que confía en los majestuosos poderes de la Vida, celebro que la juventud enarbole la bandera de la Soberanía Alimentaria (entre otras).
Miles de muchachos y chicas nos movilizan, nos entusiasman, nos ayudan a conocer y revalorizar el cofre escondido en una semilla. También a las médicas y los médicos.
Les acompaño porque me importa un pepino, me importa un rábano. Y lo sostengo, fresco como una lechuga…
Dr. Roberto Zaldua (M.N.: 53.006 / M.P.: 52.236)



