A medida que nos acercamos al fin de la pandemia gracias a la vacuna se ha desatado una feroz pulseada entre los sectores concentrados de la economía y la mayoría de la población.
Esta pelea es comúnmente conocida como puja distributiva y no es otra cosa que conseguir apropiarse de un porcentaje mayor de la riqueza generada por la economía que es fruto del trabajo de todos los argentinos.
Desde hace muchísimos años estos poderosos sectores concentrados en pocas manos saben que aún en estas democracias limitadas y que algunos definen como de poca intensidad deben conseguir cierto apoyo por parte de la sociedad que compense su escaso número para poder seguir conservando sus privilegios que les permitan continuar acumulando riqueza.
En esta tarea que normalmente se conoce como batalla cultural han conseguido construir verdaderos mitos mediante la cooptación de una buena parte de la intelectualidad y la apropiación de los grandes medios de comunicación.
Constantemente se refieren al gobierno como "el poder" agregando a veces "de turno" cuando se sabe que muy raramente coinciden gobierno y poder. Aún en los períodos en que ambos están en sintonía prevalece el mayor poderío que estas élites económicas como sucedió incluso durante el gobierno macrista cuando se negaron a seguir financiando el desastre económico y lo obligaron a recurrir al FMI y como si esto fuera poco fugaron los dólares conseguido.
Esta engañosa idea de que los grandes empresarios están sujetos al poder del gobierno les sirve para ocultar sus verdaderas culpas en el aumento de precios y de la desocupación y los bajos salarios, entre otras muchas calamidades, en su afán de mayores ganancias que como lo demuestran permanentemente no tienen límite alguno.
Tanto es así que a lo largo de nuestra historia cuando no han podido doblegar a los gobiernos directamente los han derrocado e instalado dictaduras atroces que tanto sufrimiento han causado a nuestro pueblo.
Es siempre aconsejable leer la Carta abierta a la Junta Militar del mayor periodista de investigación Rodolfo Walsh donde expone claramente la centralidad de las razones económicas del golpe cívico-militar-eclesiástico de 1976.
También en su prédica constante logran que muchos confundan poder judicial con justicia. Sin embargo sabido es que la tarea del poder judicial es la de aplicar las leyes y no de impartir justicia
Todos los días comprobamos que las leyes son el resultado de la relación de fuerzas que existe en el Congreso en un momento determinado y que responden a distintos intereses. A esto cabría agregar que en una república tan devaluada como la nuestra los legisladores no siempre responden a las promesas que hicieron para que el ciudadano los votara aunque declamen que son sus representantes.
No debemos soslayar que el poder judicial es el único de los tres poderes que componen la república en que sus miembros no surgen del voto popular e históricamente han respondido a los poderes reales y jamás condenaron por inconstitucional a los golpes de estado y han convalidado las máximas atrocidades legales y constitucionales que cometieron.
Resulta difícil creer que estamos ante quienes imparten justicia y ha hecho y hacen más que méritos suficientes para conseguir una pésima consideración por parte de la gran mayoría de la población.
Es por lo menos curioso que los abogados terminen sus presentaciones reclamando que Vuestra Señoría (V.S.) "Provea de conformidad y será justicia"
Estos son sólo dos ejemplos que indican que si estamos dispuestos a construir una pospandemia que merezca ser vivida debemos comenzar con deconstruir los mitos que nos infectan más que el virus y para lo cual no tenemos vacunas.



