Francisco "Pancho" Orellano, el "experto en maderas" y alma mater de la firma, repasa algunos secretos de su trayectoria comercial en nuestra ciudad. "Son 40 años de mucha garra, de jugarselá, pero también de mucha gente que confió o dio una mano cuando las cosas no andaban tan bien", señala.
"Con la pandemia no nos fue tan mal" dice Francisco "Pancho" Orellano, mientras camina por un pasillo formado por las altas estibas de uno de los depósitos de Maderera Campana y nos da su diagnóstico: "Es que la gente se tuvo que quedar en su casa, y la que tenía un proyecto pendiente y podía concretarlo, se puso manos a la obra", dice con una sonrisa mientras de fondo se escucha el sonido de una máquina cortando madera.
Pasaron 40 años desde que "Pancho" llegó a Campana con la idea de poner una maderera junto a un socio quien ya no forma parte de la firma. "Teníamos un amigo que conocía el tema, y nos propuso dos lugares donde faltaba una maderera: General Rodríguez y Campana. Lo pensamos bien, y vimos en Campana una ciudad dinámica y en crecimiento. Creo que no nos equivocamos".
"No me voy a retirar nunca, me encanta lo que hago", explica "Pancho" Orellano.
El alma mater de Maderera Campana es nacido y criado en Matheu. Desde muy chico se vinculó al mundo del trabajo: "Ahora no se ve tanto, pero ¿te acordás de los botelleros que pasaban con el carro comprando cosas? Bueno, no sé, yo tendría 8 ó 9 años y ya andaba juntando fierritos y cualquier cosa para venderle al botellero que pasaba por mi casa. Siempre me gustó ganarme el mango".
Fue alrededor de los 12 años cuando empezó a vincularse con el oficio de la carpintería. "Sí, sé trabajar la madera. No me pidas nada muy complicado: taparrollos, muebles de cocina, placares… Lo interesante era cuando cotizabas un edificio completo".
Pancho y sus cinco hijos, a quienes les atribuye ser "puntales importantes en su actividad comercial".
Uno de sus 16 empleados opera una impresionante y moderna máquina seccionadora horizontal de origen italiano con una boca de casi cuatro metros de ancho. Mirando la pantalla, el operador planifica los cortes de una gran placa de madera laminada para minimizar el descarte. Aprieta "Enter" y la pesada placa ingresa a la máquina de corte como si fuera una liviana y delgada hoja de papel. "Hace todo sola. Sobre Ruta 9 no hay nada igual desde Benavidez hasta San Nicolás" explica con orgullo "Pancho" sobre una de las joyas de la maderera que trasciende largamente las fronteras de nuestra ciudad: "Nos piden cotizaciones de todos lados. La obra más lejana que agarramos fue un edificio en Jujuy. Es que son 40 años, y a la larga terminás teniendo clientes en todos los rincones del país".
En el barrio La Josefa, una terrible cepilladora rectifica las cuatro caras de una sola pasada.
Otro de los "fierros" secretos de la firma es una terrible cepilladora que rectifica las 4 caras de una sola pasada. Además, están las tres seccionadoras verticales en el taller del local al público de San Martín 928. Y hablando de seccionadoras verticales, la referencia al Easy de Escobar es obligada: "Sí, es verdad, cuando llegó el Easy sentimos el golpe, más que nada en el minoreo. Pero también fue una oportunidad para ponernos a pensar y aprender a trabajar mejor, brindar más servicio, diferenciarnos en la calidad del producto. Por eso también si vas al local de la calle San Martín, tenés prácticamente todo lo que necesitás para el proyecto que quieras hacer en tu casa, por ejemplo, hasta un pincel".
"Sobre Ruta 9 no hay nada igual desde Benavidez hasta San Nicolás" dice Orellano sobre una de sus cortadoras computarizadas de placas de madera.
Los 40 años de Maderera Campana encuentran a "Pancho" activo y con proyectos: "No me voy a retirar nunca, me encanta lo que hago", dice. Son dos los depósitos y centros de procesamiento: el de colectora Sur en el barrio 9 de Julio y el de La Josefa, y el local al público y taller de corte de la calle San Martín. "¿La verdad? Me gustaría tener un depósito más, y también hacer algo para aprovechar, llamemoslé, el aserrín de los cortes. Ahí hay una oportunidad, pero veremos. Por ahora es un secreto industrial", comenta con una pícara sonrisa y agrega: "Son 40 años de mucha garra, de jugarselá, pero también de mucha gente que confió o dio una mano cuando las cosas no andaban tan bien. Hablo de gente que me fió madera sólo de palabra, e incluso algún gerente de banco que no se limitó a reclamar por el rojo y aguantarme, y me invitó un café para comprender qué me estaba pasando y proponer cómo financiar una inversión como para salir adelante y que la rueda siga girando. Después, es necesario poder contar con gente de confianza y laburadora a tu lado, hablo de mis hijos y mi familia que me acompañaron y acompañan, de mis empleados, y claro, los clientes que vuelven siempre porque saben que no les fallamos y vamos a hacer todo lo posible a nuestro alcance para que queden conformes", concluye.
"En el local de la calle San Martín, tenés todo lo que necesitás para el proyecto que quieras hacer", asegura el empresario.



