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» Este artículo corresponde a la Edición del domingo, 28/feb/2021 de La Auténtica Defensa.

Padre Rufino Giménez:
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Padre Rufino Giménez

El camino de la conversión y crecimiento espiritual tiene luces y sombras, pero el rumbo es uno solo. Confiar y perseverar, aun en la caída, es la única forma de transformar la fe en experiencia y testimonio de vida.

En este segundo Domingo de Cuaresma, el Evangelio de la Iglesia Católica corresponde a San Marcos, Capítulo 9, versículos del 2 al 10. "Jesús tomó a Pedro, Santiago y Juan, y los llevó a ellos solos a un monte elevado. Allí se transfiguró en presencia de ellos. Sus vestiduras se volvieron resplandecientes, tan blancas como nadie en el mundo podría blanquearlas. Y se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Pedro dijo a Jesús: ´Maestro, ¡qué bien estamos aquí! Hagamos tres carpas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías´. Pedro no sabía qué decir, porque estaban llenos de temor. Entonces una nube los cubrió con su sombra, y salió de ella una voz: ´Este es mi Hijo muy querido, escúchenlo´. De pronto miraron a su alrededor y no vieron a nadie, sino a Jesús solo con ellos. Mientras bajaban del monte, Jesús les prohibió contar lo que habían visto, hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Ellos cumplieron esta orden, pero se preguntaban qué significaría "resucitar de entre los muertos".

La transfiguración de Jesús es el anticipo de su resurrección. Allí los apóstoles comienzan a vislumbrar los acontecimientos futuros, aunque en ese momento y a pesar de ser testigos privilegiados, creían que todo acabaría con la muerte del Maestro.

"Hoy -dice el Padre Rufino Giménez- el tema es la transfiguración. Es una experiencia muy intensa de fe y oración. Es una manifestación a los discípulos más cercanos para que comiencen a comprender aquel anuncio sobre la Pasión que ellos no aceptaban hasta ese momento, porque no podían creer que el camino de la liberación y salvación era el de la resurrección que tendría lugar más adelante. De hecho, el camino anunciado por Jesús, es el mismo que fuera anticipado en el Antiguo Testamento. Por eso la presencia de Elías y Moisés. La transfiguración es realmente la manera de cómo se mostrará la gloria del hijo de Dios".

"San Marcos pone el acento en la luminosidad y la blancura. Pedro, reacciona deseando que todo acabe ahí, y sostener ese momento. Pero habrá que bajar del monte, volver a la normalidad y la gloria vendrá tal como dijo Jesús a través de la Pasión, y la muerte: único camino de vida para el Mesías. Lo que tenemos que entender, como hombres y mujeres de fe, es que el camino de la Cuaresma es de luces y sombras. Estamos hechos de coraje y de derrota. De entusiasmo y desilusión. De empuje y desaliento. Pero en definitiva, es ir convirtiendo y adaptando nuestra vida a los criterios del evangelio de Cristo… Dios es nuestro compañero de ruta y podemos llenarnos de Él, en la medida en que nos abramos y lo aceptemos como timón de nuestras vidas. Saber que vela con nosotros y que nos llena de bendiciones, de amor y misericordia. La Cuaresma nos invita, una vez más a abrirnos a la Palabra y el poder de Dios. Cerrarse en la pobreza de nuestros propios criterios es condenarse a la frivolidad, la tristeza, la incertidumbre. Ya en tiempos de Abrahán, Dios pide una confianza absoluta en que Él busca sólo nuestro bien. Un creyente que únicamente se deja guiar por criterios terrenales y el materialismo, corre el riesgo de caer en una vida vacía de contenido, la inmovilidad, el temor, la soledad más profunda aunque esté rodeado de gente y objetos. No se trata de ir tirando, transitar este plano de vida de manera intrascendente. La trasfiguración que nos sugiere la Cuaresma es una conversión de toda nuestra persona. No es a medias tintas. Aquel que se determina a escuchar a Jesús y a seguirlo como enviado del Padre, aquel que está decidido a ser su discípulo y misionero en su familia, en el trabajo, en la comunidad, entre sus amigos e incluso entre sus enemigos… será el primer testigo y beneficiario de la nueva vida. La dicha será más intensa y los dolores y dificultades sólo tormentas pasajeras. No son simples promesas. Es así", concluye el sacerdote Rogacionista de la parroquia Nuestra Señora del Carmen.


 
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