Nombre real: Arola, Lorenzo. Seudónimo: El Tigre del bandoneón. Bandoneonista y compositor
Nació el 25 de febrero de 1892 en el barrio porteño de Barracas. Hijo de un matrimonio de inmigrantes franceses analfabetos, su verdadero nombre era Lorenzo Arola pero los muchos admiradores de su virtuosismo prefirieron siempre llamarlo El Rey o el Tigre del bandoneón.
A su inventiva de ejecutante se le atribuye una multitud de novedades, el rezongo, el fraseo y los ligados. Se destacaba sobre todo por el inigualable temperamento que ponía en sus interpretaciones. En los momentos más emotivos, recordaba Enrique Delfino, Arolas rompía el bandoneón y los pliegues del fuelle quedaban como paraguas al que un golpe de viento hubiera vuelto al revés.
Por lo demás, su tipo físico y vestimenta completaban la perfecta imagen del tanguero de comienzos de siglo: morocho, tez aceitunada, chambergo, lengue de seda cruda, polainas.
Arolas hizo todo rápido en la vida. A los 14 años aprendió a tocar de oído el bandoneón y lo dominó casi de inmediato. Poco después, en 1909, cuando tocaba de noche en cafés de La Boca y trabajaba de día como dibujante, se hizo notar por su primer tango, Una noche de garufa, que en poco tiempo, es trasladado por Canaro al pentagrama pues Arolas no había estudiado música hasta ese entonces. Se acercaría a la treintena de ediciones.
Siguieron más de un centenar de composiciones, entre ellas algunas muy recordadas, como Suipacha, Derecho viejo, El Marne, y sobre todo La cachila.
Con Roberto Firpo al piano y Tito Roccatagliata al violín formó un trío muy celebrado y actuó más tarde junto a Agustín Bardi y Ernesto Ponzio para luego construir su propia orquesta en la que debutó como violinista Julio De Caro.
Los últimos años los pasó en París, donde formó una nueva orquesta con intérpretes franceses y compuso algunos tangos.
Murió el 29 de septiembre de 1924, de tuberculosis pulmonar según acredita la partida de defunción.
Pero la leyenda no se deja convencer por argumentos tan prosaicos y prefirió matarlo de una puñalada, en la disputa, claro está, por una mujer. "En esta cayeja sola/ y amasijao por sorpresa/ fue que cayó Eduardo Arolas/ por robarse una francesa" escribió Enrique Cadícamo, dando forma poética al relato.
Datos extraídos de Letras de Tango, Selección 1897-1981.



