Lo temporal de la vida se ve en este tiempo litúrgico que se avecina, para demostrarnos que somos uno más de los seres que habitan esta tierra, que tenemos un fin, que muchos no llegan a darse cuenta y otros, lo esperan porque saben que finalmente todo llega, y buscan disfrutar de una efímera vida mortal, dentro del contexto del tiempo. Estos son los más felices pues viven disfrutando lo que la vida les ofrece y no quejándose por lo que no tienen y envidiando a quienes tienen más. Todos somos caminantes hacia un mismo final y debemos aprender a vivir con esta realidad para poder disfrutar mejor nuestra vida.
Es bueno recordar la siguiente frase: De polvo somos y en polvo nos convertiremos. El vertiginoso camino de la vida, no hace perder la valoración de lo espiritual para enceguece-rnos con lo material que podemos conseguir, olvidándonos que nada nos podremos llevar de ella. Es bíblico pensar que los que más tienen son los que más lamentarán partir de este mundo.
Ya desde la antigüedad tenemos ejemplos de lo que significan las cenizas. Los judíos se cubrían con cenizas y hacían un sacrificio. Los ninivitas usaban las cenizas para demostrar un deseo de conversión a una vida mejor.
Así se llegó al año 384 d.C., cuando la Cuaresma fue tomada con sentido penitencial por todos los cristianos, así se llega al siglo XI, cuando la Iglesia de Roma comienza el rito de imposición de cenizas para iniciar los Cuarenta días de penitencia y conversión. Las cenizas que se usan, salen de la quema de las palmas y ramas de olivo que provienen del Domingo de Ramos del año anterior, recordando así que "lo que gloria fue, se reduce a nada".
Las cenizas, al imponerse en los fieles, nos recuerdan que algún día vamos a morir y nuestro cuerpo se va a convertir en polvo. Este acto de Fe, nos quiere recordar que todo lo material que podamos haber logrado y disfrutado, - diría que nos "prestaron"- se acaba con la muerte. Podemos llegar a juntar todo el oro del mundo, pero quedará en la tierra, y seremos recordados solo por el bien que hagamos por nuestras familias, por nuestros hermanos, por el mejoramiento de nuestro hábitat natural, esto será lo único que se escribirá en el libro del recuerdo parala eternidad. El comienzo de los cuarenta días de penitencia, en el Rito romano, se caracteriza por el austero símbolo, que distingue la Liturgia del Miércoles de Ceniza. Es tradición latina, imponer las cenizas más hacia el pelo que en la frente, espolvoreando.
La ceniza no es un rito mágico, es un signo de arrepentimiento, de penitencia, pero sobre todo de conversión. Es el inicio del camino de la Cuaresma. Es un tiempo de reflexión de nuestra vida, de entender a donde vamos, de analizar cómo es nuestro comportamiento con nuestra familia y en general con todos los seres que nos rodean.
El mensaje es: "Seremos recordados por lo que hicimos, bien o mal, según que arquitecto fuimos de nuestro propio destino".
Fuentes: Catholic.net; LAD



