Esto pasó el 5 de Enero. Estaba esperando mi turno en el Banco Nación y ya adentro veo que sale caminando de la línea de cajas una señora entrada en edad, con su bastón y su muleta.
Obviamente que la ayude a sentarse y le di charla, algunos ya saben que estoy "cultivando mi paciencia" con mis padres que ya están mayores.
Para iniciar la conversación le dije: "¡Qué calor que hace!", y ella me contestó: "Es que estamos en verano", cosa que me causó mucha risa porque es lo que yo le digo a mi mamá cuando se queja del calor.
Nos pusimos a hablar de la vida y entre eso de plantas más precisamente. habló de cactáceas, pistilos y utilizó un léxico que me dejó asombrada.
Ella estaba esperando a su hijo que no tardó en llegar. Como lamentablemente andamos más de uno de nosotros, lo hizo muy apurado y de mal humor. Sin querer pateó la alfombra sanitaria, que voló unos cuantos centímetros, y enojado le dijo: "¡Te dije me esperes afuera!"
Para mitigar el mal momento le dije al señor. "Es que está muy pesado afuera", a lo que contestó: "Sí, pero yo estoy muy apurado" y la agarró del brazo bruscamente.
Ella sin dudarlo me dijo por lo bajo "Me llamo Sonia y vivo en tal lado", o sea me dió su dirección y sin vacilar también me preguntó mi nombre.
Cuando estaban cerca de la puerta de salida, con voz fuerte y segura le dije: "¡Sonia, que tengas un hermoso día!
Hoy mismo al medio día pasé por un conocido puesto de flores de nuestra ciudad y le envié una suculenta hermosa con dos pimpollos por abrir. En la tarjeta le puse: "Querida Sonia: que a tus días nunca le falten los colores. Podés llamarme las veces que gustes", y le dejé mi número y mi nombre.
Hace un par de horas ella me llamó muy agradecida, entre charla va y charla viene me pidió que la vaya a buscar un domingo de estos, porque ese es el día que más se aburre.
Le dije que con mucho gusto, ¡Por supuesto!. También me dijo que le avise unos días antes, porque le gustaría hacer una rica torta para que compartamos con el té y que me va a regalar una planta de Pitanga que ella quiere mucho.
Hoy tengo una nueva amiga que es una genia. Sonia, de 87 años, la tiene más clara que todos nosotros.
Esto que me pasó a mí les puede pasar a cualquiera de ustedes: Alegrarle el rato, el día o la vida a alguien y así nos la alegramos a nosotros mismos. No importa la edad: ¡CULTIVEMOS LA PACIENCIA!
LUJÁN
como explica luján: cultivemos la paciencia con los adultos mayores.
"le envié una suculenta hermosa con dos pimpollos por abrir. En la tarjeta le puse: Querida Sonia: que a tus días nunca le falten los colores".



