La noción de stress proviene del campo de la medicina. Desde su enfoque se lo considera como la suma de tensiones mentales y físicas a que una persona se ve sometida frente a distintas situaciones de la vida. Se distingue un stress positivo que contribuye al desarrollo de nuevas habilidades y un stress perjudicial que llega a ser destructivo.
Bajo una fuerte tensión las personas pueden tener sensaciones de abatimiento, tristeza, malestar, miedo, angustia. El aumento de tensión psíquica suele traer aparejados síntomas orgánicos como: molestias en el aparato digestivo, taquicardia, respiración acelerada, dolores de cabeza frecuentes, contracturas, dolores de pecho, insomnio, etc. Las situaciones que llevan al stress son aquellas que implican cambios de situación o etapa vital, o alguna pérdida.
Desde el enfoque de la Psicología, y con un marco teórico psicoanalítico, comenzaremos remitiéndonos a la noción de estructura. Una estructura es una forma posible de organizarse los distintos aspectos de la personalidad que se va construyendo desde el comienzo de la vida y de acuerdo con los sucesos (reales o fantaseados) que en ella se producen. Hay distintas estructuras de personalidad, en tanto varían las formas de organización de sus aspectos. Así se distinguen las distintas estructuras psicopatológicas. Pero los "contenidos" de esas estructuras serán singulares en cada caso, por lo que cada sujeto es único e irrepetible.
Dentro de la distinción de estructuras psicopatológicas no hay ninguna que se corresponda con el stress. Si el diagnóstico médico de stress no se corresponde con ninguna de las estructuras psicopatológicas que distingue el psicoanálisis ¿cómo podemos entenderlo desde esta perspectiva?
La primera reflexión que planteamos es que todo sujeto puede, en algún momento de su vida, enfrentar las situaciones descriptas como motivadoras de stress, y que los síntomas emocionales y orgánicos pueden presentarse en cualquiera de las estructuras psicopatológicas. Se trataría, entonces, de dos enfoques distintos: uno, el de la estructura de personalidad de un sujeto y el otro, el de los síntomas, el observable, el de las manifestaciones de la estructura.
Siguiendo en la línea de reflexión que iniciamos consideramos que la tarea de la Psicología consiste en "descubrir" que significa el stress en esa estructura, que es "estar stressado" para ESE sujeto, intentar comprender que expresa con los síntomas sobre lo que le sucede pero desconoce, "escuchar" al cuerpo para descifrar sus mensajes.
Por otra parte, la relación entre una situación externa y las tensiones que genera que, como hemos descripto, está implicada en la noción de stress nos conduce a preguntarnos por un lado por los recursos y exigencias del sujeto, y por el otro, por el grado de responsabilidad o participación que éste ha tenido en la construcción de las circunstancias que lo tensionan. Ciertas situaciones externas se encuentran en una franja en la que el sujeto no es determinante (no dependen de él) como por ejemplo, la muerte de un ser querido. Pero otras están generadas por él mismo, ha tenido algún grado de participación en su constitución, o las ha empeorado. En estos casos aparecen como circunstancias externas o ajenas al sujeto, porque desconoce (o no es consciente) qué conflictos inconscientes determinan conductas que contribuyen a generar la situación stressante.
Algunas circunstancias por sus características generan habitualmente tensión, afectos displacenteros, como es el caso del ejemplo mencionado. Pero otras provocaran tensión o no según los recursos psíquicos con que el sujeto cuenta para enfrentarlas, es decir, las posibilidades y tipos de respuestas que pueda dar. La situación desencadenará tensión, afectos displacenteros o síntomas (psíquicos y/u orgánicos) de acuerdo a la estructura de personalidad. Conflictos pasados no resueltos (especialmente infantiles), fortaleza frente a la frustración, tolerancia ante la angustia, posibilidad de disfrutar de los logros, grado de exigencia, capacidad para resolver problemas, etc. En situaciones similares distintas personas tendrán diversos tipos de conductas (patológicas o no).
En todo caso, consideramos conveniente tener presente que una situación de la vida, por problemática que sea, no es suficiente para generar patología, síntomas psíquicos u orgánicos. Actúa como desencadenante cuando se complementa con el factor determinante: los conflictos del pasado, especialmente los infantiles, que permanecen no resueltos o inconscientes.
Mónica B. Franco - Lic. En Psicología (M.P. 20.034) - Egresada de la Facultad de Psicología de la UBA (1987)



